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martes, 15 enero 2019

Adiós pasado: hoy comienza una nueva vida

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Y me levanté un día cualquiera, un día común y corriente, sin darme cuenta que todo había cambiado. A simple vista no se notaban los cambios, todo estaba en su lugar pero cuando digo todo me refiero al sillón, a la tv, a los muebles, la mesa y la silla, pero cuando nuestros sentidos comienzan a despertar, nos damos cuenta que duele, que hay un pequeño dolor en nuestro corazón, que clava, que hiere y es profundo, que solo lo dejamos de sentir cuando dormimos. Luego me senté en la cama, me sentía los ojos pequeños, tan pequeños que pesaban, entonces me miré al espejo y mis párpados eran los culpables, estaban tan inflamados que ningún maquillaje haría el milagro.

Luego sentimos que todo está vacío, ni el desayuno, ni el café de la mañana sabe igual aunque es el mismo, pero sentíamos su ausencia.

¿Quién te besará ahora al despertar por las mañanas?

¿Con quién compartirías el primer café de la mañana?

¿Con quién hablaríamos de cómo se vendría nuestro día?

¿A quién le mostrarás la ropa interior nueva que te compraste?

Entonces comenzamos a recordar y a sentir ese dolor que ha permanecido ahí siempre pero que cuando pensamos y canalizamos nuestras emociones se puede dejar de hacer presente por unos momentos.

También puedes ver: mereces a alguien que daría todo por ti.

Luego viene la tarde…

¿A quién vamos a recibir en la noche?

¿Quién nos recibirá en la noche?

¿Qué hacemos con todos aquellos proyectos futuros que teníamos con esa persona que decía amarnos para toda la vida?

¿Donde está la persona que decía que nos cuidaría?

¿La persona que decía estar en las buenas y en las malas con nosotras?

Y ahí vamos, tratamos de comenzar el día, pero en este momento no podemos pues los recuerdos y la tristeza nos inundan el alma y preferimos congelar nuestra vida por ahora y nos quedamos en casa, viendo películas, comiendo chocolate, llorando si se nos da la gana y viviendo el duelo como lo necesitamos. ¿Cuánto necesitamos? ¿1, 2, 3 o 4 días? ¿Un mes? Lo que sea pero sabemos que después de respetar nuestro dolor comenzaremos de cero.

Volvemos a nuestra rutina, nos levantamos, nos preparamos nuestro café que está realmente riquísimo, ponemos el matinal y nos reímos de cada tontera que hablan, nos vestimos y nos ponemos esa ropa interior que compramos, esa que estaba ahí nueva sin tocar ¡nos miramos en el espejo y decíamos GUAAAUUUUU que bella que me veo y esto es para mí y por mí , nos maquillamos, elegimos nuestro mejor labial y salimos por esa puerta con ganas de conquistar al mundo.

Y es cuando empezamos a conocer personas que siempre han estado ahí pero que nunca antes lo habíamos notado, ahora somos capaces de mirar, de escuchar, de sentir, de vivir.

Retomamos la vida que teníamos antes pero que habíamos congelado por aquella relación. Chicas ¡Tenemos derecho a volver a renacer! a salir, a darnos nuestra nueva oportunidad.

Y volvemos a casa por la tarde, todas las luces están apagadas y todo en silencio. Entonces prendemos la luz, ponemos música y comenzamos a ordenar nuestro hogar, nuestra casa, nuestro lugar favorito. Nos servimos la once, nos damos esa ducha que te libera de toda carga que traes del día y nos ponemos nuestro mejor ¿Pijama de polar? ¿De lana? De lo que sea… ¿Me gusta a mí? Sí! me encanta como me queda y es para mí y por mí.

Nos sacamos el maquillaje y nos vemos en el espejo y respondemos: que hermosa, valiente y nueva mujer ha nacido.

Nos acostamos y? y aquí estamos, aquí seguimos….cuando pensábamos que se iba a congelar el universo, cuando no veíamos salida alguna ¿Y ese dolor? Siii ese dolor que sentíamos…¿Dónde está? Ese dolor que nos partía el corazón constantemente.

Ahí está, guardado, tan en el fondo de nuestro corazón que lo habíamos olvidado.

Por: Nicole López

 

 

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