Sexualidad /
miércoles, 23 febrero 2011

4. “Sí… ¡Oh! ¡Ah! ¡Justo ahí, mi amor! ¿¿Terminaste??”

¿Alguna de ustedes ha fingido un orgasmo? Por favor díganme que sí y no sean como las liquidantes de mi oficina, vendiendo el cuentito de la pareja feliz y llegando todos los lunes con cara de “no me han dado en tres semanas y por eso ando maleta”. ¡Mal!

Yo por lo menos lo admito. Finjo… ¡y por Dios que lo hago bien! Mi técnica ha mejorado con los años y me extrañó que no me nominaran a los Oscars luego de mi actuación en Navidad, cuando hasta los del primer piso escucharon mis deseos de noche buena con tal de que Jorge acabara luego y yo pudiera dormir a pata suelta y dejar de apretar la guata, después de comerme hasta la edad del pavo relleno. (¡Qué buena que estaba esa manzana!)

Al principio me calentaba hacerlo. Me veía en el espejo y ante tamaña demostración de talento, por un minuto llegaba a sentirme toda una porn star. Pero pronto hasta las variaciones en el tono y timbre de mis falsos orgasmos se volvieron rutinarios. (Para Jorge seguían siendo la validación de su desempeño, por lo que fue cada vez más difícil salir del círculo vicioso)

He querido decírselo y ser sincera, pero no sé por qué me tinca que terminaría de fusilar el poco ego que le queda a mi pobre hombre. Además, ¿cómo se lo diría? “Mi amor, ¿te acuerdas de esa noche en la terraza, cuando tuvo que llegar el conserje para hacernos callar de lo bien que lo estábamos pasando? ¡En verdad no estaba emocionada con la vista panorámica, lo que pasa es que se me estaba helando el culo con la brisa marina y quería puro envolverme en el escaldasono!” O más directa: “Tengo un problema, mi amor. No sé qué me da más lata, si acostarme contigo o fingir que me gusta”.

Bromas fuera, de la manera en que se lo diga habrá problemas y por eso hoy haré lo inesperado… ¡¡me acostaré con mi marido sin mentir!! Pero antes me voy a dar un baño de tina, contar hasta cien mil quinientas ovejitas para relajarme y llegar lo más concentrada posible al acto, incluso mirarme en el espejo antes y repetir tipo “El Secreto”: Voy a tener un orgasmo, voy a tener un orgasmo…

¡Quién sabe! En una de esas resulta y vuelvo a ser la humana calentona que solía ser a los veinte, cuando lo único que necesitaba para gritar “viva Chile” era que mi pololo de entonces sacara la botella de pisco del asiento trasero o mis papás fueran a la esquina a comprar. ¡Qué buenos tiempos! En cinco minutos llegabas al paraíso y la previa no era más que un beso cagón mientras por arte de magia (y elasticidad propia de la edad) lograbas ser contorsionista y vigilante con rayos X. Como esa vez con Ricardo, en plenas vacaciones con sus papás en la pieza del lado y su hermana en la cama de abajo… ¡Uff! Parece que me iré a dar el baño de tina pensando en eso y calentar motores…

Deséenme suerte, chicas. Si me va bien, prometo conseguirme el número de Ricardo y regalarle una animita por salvar mi matrimonio.

Lee la Historia de la Fran desde el principio y todos los miércoles:

Recuperando el deseo…(¡y mi vida!)  1

Recuperando el deseo…(¡y mi vida!)  2

Recuperando el deseo…(¡y mi vida!) 3

Carla Stagno Gray: Periodista y guionista. Ha trabajado en medios escritos y de televisión, donde condujo y realizó la producción periodística para programas de corte cultural y turismo. Hace dos años que se dedica principalmente a escribir guiones, destacando su trabajo en las teleseries “Los Ángeles de Estela” y “40 y Tantos”, ambas de Televisión Nacional de Chile.

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