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lunes, 30 marzo 2015

Atrapada entre dos hombres: qué hacer y cómo actuar

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¿Se puede amar a dos hombres a la vez? ¿Se quiere a uno y se desea a otro? ¿No se puede elegir a uno solo? ¿Se necesita al segundo para no sentirse oprimida junto al primero? Alguna vez hemos podido saber que una amiga tenía un dilema entre dos hombres, la pareja actual y el ex, o la pareja y un amante. Por lo general, estas vivencias suelen ser situaciones que desgastan y que se le imponen a la protagonista más allá de su voluntad consciente.

Andrea tiene un sueño en el que se ve corriendo desnuda por la calle. Trata de esconderse en los portales para que la gente no la vea y lleva en su mano un papel que se coloca entre las piernas, a la altura del pubis, para taparse. No se atreve a mirar a las personas con las que se cruza y supone que todos tienen los ojos clavados en ella. En esto, tropieza con un hombre y el papel cae de sus manos. Una vez en el suelo lee la palabra ‘despedida’ escrita en él. La angustia que le produce este mensaje la hace despertar, pero continúa inquieta sin saber por qué. Su trabajo marcha bien. Más que eso: la oficina es ahora mismo el lugar donde se encuentra más segura.

Sin embargo, cinco meses más tarde recibe una carta de despido. Entonces se acuerda de su sueño. ¿Se trataría de una premonición? ¿Cómo es posible que meses antes esa palabra soñada anunciara una situación que estaba viviendo en ese momento en la realidad? Desde hace tres años tiene pareja, pero también mantiene relaciones con un compañero de trabajo unos años más joven y con el que ha descubierto una sexualidad que creía imposible en ella. No entiende qué le ocurre y se encuentra prisionera entre el amor a su pareja y la atracción hacia su compañero, al que también quiere y con el que se siente más libre.

Atrapada entre estos dos hombres, no sabe qué hacer. Ser despedida del trabajo significa alejarse de uno de ellos. El sueño de Andrea hablaba de ese deseo: quería ‘despedirse’ de esa relación que había empezado a complicarle la vida y de la que ella deseaba salir, aunque no sabía cómo. De hecho, ni siquiera sabía por qué la había comenzado. ¿Era solo atracción sexual? Y si se trataba de eso, ¿qué provocaba que fuera tan buena en la cama con el compañero de trabajo y tan ‘ligth’ con su pareja?

Andrea es la menor de tres hermanos. Su padre era bastante dominante y siempre tenía que quedar por encima de su madre, que se quejaba de ese modo de relación, aunque nunca delante de su marido. Ella no soporta la idea de que un hombre la domine. Tiene asociado el sexo a la relación de poder y por eso disfruta más en la relación con su compañero, ya que es ella la que se siente fuerte, lo que aumenta su excitación.

Dependencia afectiva

El sueño de Andrea era una señal de que quería despedirse de su amante. El problema es que esta despedida la deja sola frente a su pareja, con quien se siente desnuda e indefensa como mujer, es decir, dominable. No quiere reconocer su dependencia afectiva de él, porque la identifica con ser dominada, como le ocurría a su madre. En su sueño, expresa el deseo de ser despedida porque es incapaz de tomar la decisión y despedirse de su amante.

Si el compromiso afectivo con un hombre promueve aspectos emocionales que provocan una fragilidad excesiva, se organiza una defensa psicológica para evitarlo.Esta defensa puede consistir en rechazar la relación con todos los hombres, en encontrar siempre al hombre equivocado o en romper antes de que se cree un vínculo que pueda provocar dolor. Otro modo de defenderse de un lazo emocional incómodo consiste, como sucede en este caso, en tener más de una relación. ¿Pero de qué se está defendiendo?De quedar atrapada en una relación dual, donde vive al otro como a un invasor de su intimidad, quedando ella en la posición, real o imaginaria, de ser dominada.

Andrea también defiende una necesidad de libertad que siente peligrar al mantener una sola pareja: no es raro el rechazo a la relación tradicional, sobre todo si se ha registrado como dañina para la mujer. Sentirse independiente le es imprescindible para no agobiarse y confunde la soledad con la independencia. Pero, como no quiere renunciar a las relaciones amorosas, las mantiene con más de un hombre, evitando así comprometerse con uno de ellos.

Cuando para sentirse libre se necesita simultanear varios amores, sea en el caso de las mujeres o de los hombres, se está atado a conflictos inconscientes que disocian y colocan el amor hacia uno y el deseo hacia el otro. Se necesita ser alguien para los otros, pero cada uno de ellos hace ver partes de sí que la persona tiene disociadas. A veces, la dificultad para elegir a quien amar depende de la necesidad de unir en una misma persona afectos contrarios que provienen de nuestra historia emocional. Siendo la relación con el otro una fuente que reasegura el ‘yo’ y que es el soporte de la autoestima, Andrea necesita asegurarse que más de un hombre le va a decir quién es ella.

Defenderse del pasado

Según Freud, el encuentro amoroso es, en realidad, un reencuentro. Aprendimos a amar en la infancia y, con las identificaciones y deseos hacia nuestros padres, organizamos una subjetividad que nos llevará a elegir a este o aquel o a no poder hacerlo.

La existencia de dos hombres en la vida de una mujer señala un modo de sortear conflictos con las figuras parentales. Dos hombres pueden compensar la falta de un padre que no pudo estar presente en el desarrollo emocional de su hija. Así se evita que la ambivalencia sentimental que sintió hacia el padre se repita, cosa que sí podría suceder si solo hay un hombre en el que depositar el afecto.

En la familia, y durante los primeros años de nuestra vida, interiorizamos los modelos sentimentales que nos marcan para siempre. Esto no quiere decir que no se puedan cambiar. Se pueden hacer, pero a condición de conocer la dirección de algunos de nuestros deseos inconscientes, en función de los cuales acabamos estableciendo un tipo u otro de vínculos sentimentales.

Si los padres no han estado disponibles para las necesidades fundamentales de la hija, que son las afectivas, esta buscará que la compensen en la edad adulta de esas carencias antiguas, pero puede que entonces no se fíe y necesite más de un amor para asegurarse de que no se va a quedar abandonada afectivamente.

Qué nos pasa

-Podemos no ser capaces de unir en una misma persona los afectos que sentimos y por eso buscamos otra.

-El placer está asociado a una cierta transgresión y quizá al tener un amante se intenta realizar con él lo que sentimos que no nos dejaron hacer antes.

-También puede ser un intento de mantener una relación amorosa como la que teníamos al principio.

-Quizá no se ha podido llegar a una maduración psíquica adecuada que pueda aceptar el amor a otro.

Qué podemos hacer

-Reflexionar sobre si la exigencia que se tiene hacia el amor es excesiva y no soporta los límites inevitables que una relación amorosa conlleva.

-Conviene pensar sobre si estamos disociando los deseos y buscando a dos hombres para que uno cubra funciones paternas y otro sea el amante.

-Si la situación amorosa se vuelve conflictiva y no se sabe cómo resolver, se puede acudir a una psicoterapia para despejar las razones ocultas que conducen a necesitar a dos hombres para llevar adelante una vida amorosa.

Escrito por  ISABEL MENÉNDEZ para Mujerhoy.

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