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lunes, 21 noviembre 2016

¿Y si nos atrevemos a confiar un poco más?

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Noviembre ha sido largo y de locos. No sé por qué, pero lo he vivido con esa constante sensación de que algo se está renovando dentro mío, con toda la crisis interna y externa que eso implica.

La cosa es que, tan emocional como acontecida, me pasaron dos cosas importantes que les contaré.

La primera: llegando a Puerto Montt, durante el único fin de semana extra largo que tuvimos y tendremos este año, alguien me abrió la mochila y sigilosamente se llevó mi billetera con todos mis documentos y un resto de plata en efectivo.

La segunda: pasó dos semanas luego del robo de la billetera. Al detenerme en un semáforo camino a mi trabajo, un Chevrolet Spark verde, me choca por atrás, rompiendo mi parachoques.

Sí, fui víctima de una tremenda mala suerte. No obstante, hubo algo mucho más importante para sacar en limpio.

Un giro en la historia que me hace confiar

En el primer caso un hombre llamado Carlos se deshizo en llamados a mi celular. Envió mensajes de texto, correos electrónicos y hasta mensajes internos a mi sitio web. Había encontrado todos mis documentos, cuando el ladrón se deshacía de ellos y, junto a sus compañeros de viaje, decidió reunirlos y devolvérmelos.

En el segundo caso, quien me impactó fue una señora quien se mostró extremadamente preocupada y arregló mi auto comprando un nuevo parachoques, junto a su familia.

Durante el lapsus en que se desarrolló el drama y la solución, recibí todo tipo de advertencias. «No vayas sola a buscar tus documentos», «quizás el tipo quiere plata», «demanda con tu seguro a la conductora», «siempre dicen que se harán cargo y después desaparecen». Comentarios que, si bien fueron eco de preocupación por mi bienestar e integridad, me dejaron pensando un poco más.

Hay que confiar más

Yo siempre confié -en realidad fue una de esas cosas «de guata» o de intuición, que para mí vendría a ser lo mismo- y, si bien no me tiré a la boca de los lobos, no me equivoqué.

Me dio lata darme cuenta de que vivo en un mundo donde prima la desconfianza y el altruismo siempre va con «una intención detrás». Creo que estamos tan conscientes de «lo oscuro» en el mundo, que muchas veces olvidamos que también existe luz. Y que siempre ésta última ilumina los espacios tétricos.

En este sentido me pregunto: ¿qué clase de mundo estamos cocreando? Nos estamos comprando la idea de que vivimos insertos en un caos y que el sistema nos atrapó para no dejarnos escapar. La cosa es que yo me niego. Sé que hoy en día hay guerras, dolor, la desigualdad en Chile es algo grosero e indignante. No me hago la tonta ni la ciega. Pero también sé que hay gente generosa, que se preocupa del otro. Que invierte tiempo en el bienestar ajeno, que recupera documentos y que cumple su palabra arreglando el automóvil que chocó.

Hagamos un mundo mejor

«Lo que pienso es lo que atraigo» y «lo que creo -de creer- es lo que creo -de crear». Es así de simple y estos dos hechos me lo recordaron.

Por supuesto que no voy a andar con la cartera abierta en la calle, ofreciendo mis artículos de valor. Tampoco andaré sola por las calles de noche, exponiéndome. Pero no merezco vivir con miedo y no quiero vivir desconfiando. Quiero sumar, no restar. Y ese cambio empieza por uno, con estos simples gestos que se replican de manera sincrónica. Algo así como una frase que leí por ahí, cuyo autor olvidé como siempre… «Quieres un cambio, entonces tú sé el cambio».

Fuente imagen: Pexels.

Carolina Bustamante C., Terapeuta complementaria.

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