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miércoles, 4 diciembre 2019

Consumo consciente: alineando nuestros valores personales con nuestras decisiones de compra

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Como vimos hace un par de semanas, la industria de la moda tiene un impacto social y medio ambiental bastante mayor del que creíamos (si es que alguna vez habíamos reparado en ese punto) ¿o no? E inevitablemente cuando empezamos a conocer más sobre cómo funcionan ciertas industrias y entendemos que cada compra, o la omisión de ésta, es un poco menos inocente de lo que pensábamos, tendemos a ponernos en dos escenarios: parálisis, algo así como “no compro nada nunca máaaaas” o indiferencia, diciéndonos “bueno, yo no voy a cambiar el mundo”. El problema es que cuando ya sabemos algo, no es tan fácil dar vuelta atrás.  

El objetivo de esta columna es precisamente alentarnos a no caer en ninguno de esos extremos, sino más bien, tomar toda esta nueva información como una gran oportunidad para empezar a consumir de manera más consciente, inteligente y alineada con nuestros principios. 

Foto de lehandross en Pexels

Si repasamos un día normal en nuestra vida, podremos reparar en que tomamos muchísimas decisiones de consumo, desde la forma en que nos transportamos, qué comemos, hasta cómo nos vestimos, entre muchas otras. Y cada una de esas decisiones tiene un impacto en el mercado, generando indicadores, patrones y tendencias sobre aquellos bienes y servicios que son significativos para nosotras.

Cada vez que compramos algo, reemplazamos un bien por otro, o simplemente dejamos de comprar, estamos “votando” con nuestra billetera, comunicándole a una marca no sólo que nos gustan sus productos, sino que también avalamos sus prácticas. Como consumidores tenemos muchísimo más poder del que creemos, somos más que compradores pasivos de estrategias de marketing, tenemos la capacidad y responsabilidad de exigir a nuestras marcas favoritas que las cosas se hagan de la mejor manera posible. 

¿Qué es el consumo consciente? 

No se trata de meditar antes de hacer una compra o ser mejor persona que otra, se trata de tomarle el peso a un acto que se ha vuelto tan normal para nosotras: consumir. 

El consumo consciente tiene relación con valorar nuestro dinero (que en resumidas cuentas es fruto de nuestro esfuerzo), así  como a las personas y recursos detrás de cada objeto que compramos. Se trata de tomar una decisión de compra más inteligente, donde preguntas como ¿realmente necesito esto? empiezan a surgir de manera espontánea, y donde la necesidad de mayor transparencia e información se vuelve fundamental. La curiosidad es la clave. 

Foto de Daria Shevtsova en Pexels

Perfecto… pero, ¿por dónde parto?

Soy de la idea de partir desde la pausa. En un mundo donde sobran los  estímulos, ofertas y vitrinas de colores, es fácil dejarse llevar por la corriente. Por eso, pausarnos frente al acto de comprar es el primer paso. 

Luego, la pregunta más básica siempre será… ¿realmente lo necesito? ¿Por qué me estoy comprando eso? Muchas veces compramos por razones tan diversas como costumbre, ansiedad, aburrimiento, inseguridad, etc. pero si empezamos a observar cómo nos relacionamos con las compras, sobre todo con aquellas que tienen que ver con la moda, podremos ir identificando que muchas veces este acto tiene relación con otros aspectos de nuestras vidas.

Calidad por sobre cantidad. Esta es una máxima, sobre todo cuando ya hemos caído en el juego del fast fashion donde tendencias efímeras pasan por nuestro clóset o una prenda que usamos sólo dos veces no soportó el proceso de lavado. Cuando invertimos en calidad privilegiamos prendas que nos podrán acompañar muchos años, soportando con gracia el paso del tiempo. Aquí el concepto de “costo por uso” es clave. Por ejemplo, una polera de $4.990 puede parecer un buen negocio, pero ¿cuántas veces podré usarla? ¿al cabo de cuantos usos tendré que comprar una nueva? Mmm el negocio empieza a ser un poco menos atractivo. 

Preferir marcas, emprendimientos o diseñadores que estén alineados con mis valores personales. Lamentablemente no existen las prendas perfectas, de una u otra manera todas generan algún impacto. Pero una manera de empezar a comprar de forma más consciente es preguntarnos ¿Con qué causas me identifico? ¿qué temas me importan? ¿cuáles son principios personales que jamás transaría? Estas preguntas, y sobre todo sus respuestas, nos darán pistas sobre qué marcas, emprendimientos o diseñadores efectivamente trabajan bajo los mismos valores éticos que los nuestros. 

Foto de Jeremias Oliveira en Pexels

¿Qué te mueve? Aquí una ayuda. 

– Producción Local: una forma de promover la industria local

– Hecho a mano: preferir prendas confeccionadas manualmente, a baja escala y/o artesanalmente, respetando el oficio y trabajo detrás de ellas.

– Comercio justo: a través de certificaciones o conociendo la procedencia de mis prendas, sé que detrás de ellas hubo un pagos justos y condiciones dignas. 

– Eco Friendly: prefiriendo ropa confeccionada con textiles de menor impacto medio ambiental (idealmente de origen natural y orgánico), escogiendo marcas que reutilizan textiles para realizar nuevas prendas (upcycling) o telas recicladas. 

– Basura y plástico cero: eligiendo prendas cuyos moldes han sido pensados para reducir los desechos de tela en el proceso de corte o rechazando prendas confeccionadas en poliester u otras fibras sintéticas derivadas del petróleo.

– Atemporal y de calidad: prefiriendo prendas que podremos reutilizar, combinar y posteriormente heredar sin “pasar de moda”

– Bienestar animal: escogiendo prendas libre de materia prima de origen animal o donde se haya utilizado testeo en ellos. 

Como vemos, hay muchas maneras de abordar el consumo consciente, ¡partamos por aquellas que nos hagan más sentido! Lo importante es entender que cada acción, por pequeña que sea, TIENE UN IMPACTO, siempre podremos aprender un poco más que el día anterior y no estamos solas en esto ¡somos muchas las que queremos cambiar nuestros hábitos de consumo, vamos juntas a hacerlo! 

Javiera Amengual 
Directora Franca. Magazine 
www.francamagazine.com
Magazine online de moda y vida lenta

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