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jueves, 10 julio 2014

¿Cuál es el elemento que cierra el círculo de nuestra felicidad?

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Para muchos de nosotros, la felicidad se encuentra de una u otra manera presente en el listado de “objetivos de vida”. La forma en que la queremos ver dependerá de nuestra historia personal. Lo que a ti te hace feliz, no es lo mismo que a otro hace feliz.

Pero sea cual sea esa felicidad, ¿cómo la conseguimos? ¿Acaso hay un solo camino? ¿O hay varios con una fórmula secreta? Al detalle, no tiene un manual con instrucciones únicas, ya que vemos cómo personas con enfermedades terminales son realmente felices y otros que gozan de buena salud y comodidades, no lo son.

Estos últimos días he reflexionado mucho al respecto y he recibido constantemente el mismo mensaje. Cuando me refiero a que “he recibido”, quiero decir que se me ha repetido de distintas maneras, lo que asumo no es casualidad. El mensaje dice relación con cuál es el elemento que cierra el círculo de nuestra felicidad para sentirnos completos; qué es “eso” que nos eleva hacia la plenitud, hacia la verdadera felicidad, aquélla que se basta a sí misma y que no tiene de apellido un “pero”.

De estos mensajes, me gustaría destacar dos, porque me parecieron particularmente clarificadores. La primera fuente por la cual me llegó el mensaje y con la cual reflexioné al respecto fue con un post de Deepak Chopra. Es uno de mis autores favoritos, uno de mis “gurús”, no tanto por sus ideas de moda acerca del Wellbeing, sino por su absoluta simplicidad en ver y explicarlo todo. Además de leer sus libros y seguir sus publicaciones en internet, también lo sigo en su cuenta de Facebook. Y en este lugar, lleva una dinámica muy linda que consiste en responder preguntas de sus seguidores, publicándolas en su fan page, así todos podemos acceder a su sabio consejo.

Hace unos días, publicó una pregunta de una mujer de 30 años, que relataba que era muy bendecida con una vida llena de amor y sin tragedias. Se casó con la persona más increíble del mundo. Su marido era un verdadero compañero de vida y eran bendecidos por una hija maravillosa. Ella sabía que Dios era muy bondadoso y por eso le agradecía cada día. Pero – relataba -, después de todo esto persistía un vacío en su vida, seguía sintiendo que le faltaba algo, su vida se sentía aún incompleta y ella, insatisfecha y perdida. A pesar de llevar más de un año meditando, seguía sin poder saber qué era lo que buscaba, no era capaz de comprender qué faltaba! Luego de esta descripción, Deepak amorosamente le responde: “Ese sentimiento de vacío y de carencia de plenitud con el bienestar material y emocional de tu vida significa que estás comenzando tu camino espiritual. No creas que si no has encontrado plenitud en un año de meditación, es por estar haciendo algo mal. Eso no es así, tú sólo necesitas ajustar tus expectativas. También es importante cambiar tu perspectiva acerca de la plenitud: Deja de pensar que la plenitud la tendrás “encontrándote a ti misma” y ahora fíjate cómo puedes ser útil y servir a otros. Compartiendo tu Ser con otros, tu amor, tu tiempo, tu energía y tu presencia es el lugar donde encontrarás tu real plenitud” (traducción propia).

¿Has tenido esta emoción en tu vida? Esa indescriptible emoción que surge cuando con tu mano, con tu corazón generoso, que está dispuesto a dar parte de su tiempo y energía, lograr darle a otro alivio, soporte, contención.

La segunda fuente por la cual recibí este mensaje se me presentó el día sábado por la mañana. Me junté con una amiga que adoro, a tomar un café y conversamos al respecto. Ella me comentaba que esta idea de hacer algo por los demás se le grabó en el corazón – pude verlo en sus ojos mientras me lo contaba porque brillaron inmediatamente – en la plática que hizo el sacerdote jesuita que ofició su matrimonio. En esa ceremonia, reforzó el mensaje que trabajaron en las charlas pre-matrimoniales. Les dijo “ustedes han sido bendecidos con el amor que los une, y ese amor tiene un sentido que se realiza también en los demás. El amor los bendice y al mismo tiempo les exige darse, ya que debe fluir para multiplicarse. No sólo basta con agradecer, deben hacer algo con él, crear algo”.

Esto suena a poesía, pero el sacerdote tuvo un enfoque bien concreto: “Han sido bendecidos con el amor que los une, pero en esa bendición no puede haber sólo una fuerza pasiva complaciente. Ustedes están llamados como matrimonio a crear en este mundo, retribuirlo. Así, deben definir cuál será el límite en su vida matrimonial en el que se sentirán cómodos, para entonces volcarse hacia afuera y crear, contribuir, darse a los demás en su tarea”.

En lo que quiero detenerme es en la emoción que inunda el corazón de mi amiga, esa profunda gratitud por todas las bendiciones que la llenan, que la mueven a querer entregar, hacer algo para y por otro, por este mundo, como agradecimiento activo. Y es que la felicidad palpable es como una ola que te desliza hacia la orilla, cuyo impulso desborda tu cuerpo y deviene en la necesidad de HACER algo, que te mueve desde el pecho. No te quedes en la mera posibilidad de hacer algo, no mates la inercia con prejuicios o autocensuras acerca de si “será suficiente” lo que puedes hacer por otro humano o animal. El mundo se completa en cualquier otro individuo que reciba tu dedicación. Uno solo vale la pena; gota a gota se forma el mar.

Simplificando ambas historias, siento que se trata de lo mismo: el lugar donde se encuentra nuestra felicidad es donde se encuentra nuestra realización, y ese lugar parece que no nos implica sólo a nosotros mismos.- Esto me recuerda a la película “Into the wild” de Sean Penn, que vi una sola vez hace muchos años y de la cual siempre me quedó muy grabada la última parte: “La felicidad sólo es real cuando se comparte”. No se refiere en particular a hacer algo para agradecer, pero sí a que necesitamos de otro para vivir en plenitud nuestra felicidad. Es que precisamente de eso se trata; de compartirla.

Después darle varias vueltas a estas ideas, vi la figura: la otra parte de nuestra felicidad, esa parte que cierra el círculo, es precisamente aquella parte que le compete a la gratitud. Es el equilibrio perfecto; no existe una sin la otra. Cuando hemos sido capaces de recibir las bendiciones y sentir esa felicidad en el corazón, debemos entonces tomar acción para agradecer, esta vez haciendo algo por otro, completando el círculo de recibir – dar // felicidad – gratitud, círculo virtuoso que le da sentido a nuestra vida.

Y así como nuestra felicidad la encontramos en los detalles más simples, podemos completar el círculo con gratitud dedicándonos a una tarea igual de simple pero poniendo todo tu corazón en ella, porque como mencioné arriba para la persona que recibe algo de ti, su vida es su mundo entero y siendo así, sí es posible salvar el mundo. La felicidad y la gratitud parecen ser dos caras de la misma moneda y por tanto, perseguir una implica también perseguir la otra.

La gratitud se siente con pasión en el corazón y en ese punto, no es una exigencia; es una consecuencia de la felicidad que la realiza en sí misma.

Francisca Jara B.
Abogado y tarotista transpersonal

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