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viernes, 15 enero 2016

Cuentos eróticos: el poder de un tercero

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Hoy les queremos presentar otro de los cuentos eróticos escrito por nuestra querida amiga Francisca Buzeta. Las invitamos a que lo lean y a que nos digan qué les parece, a ver si se animan ustedes crear sus propios cuentos eróticos.

Cuentos eróticos: el poder de un tercero

Estábamos cenando y el silencio era inevitable, se podía sentir cada ruido que hacíamos en la mesa al comer.

«Ana… quería proponerte algo, ayer conocí a un joven en el bar, me pareció muy agradable, quizás… si nosotros lo intentáramos… tú con otro, yo podría lograr una excitación», lo miré fijamente a los ojos, tomé mi plato… «que ni se te ocurra»

No podía dormir, tomé mi libro y comencé a leer… ¿Estás dormido? cuéntame de aquel joven». Se dio vuelta hacia mí, sus ojos estaban cansados, …«perdóname Ana, sólo busco una salida a nuestro matrimonio«… tomé su mano y volví a preguntar por aquel muchacho, a medida que me contaba noté un pequeño entusiasmo en él, quizás una esperanza, la cual no podíamos dejar pasar. »Bueno» le contesté, ‘juntémonos mañana los tres a tomar algo’‘, me abrazó fuerte, «gracias amor, ¿te parece a las 9?«… lo besé en la frente , »perfecto ahí nos vemos».

Volví de la oficina y pasé al departamento, estaba un poco nerviosa, me di un baño para relajarme un poco, luego comencé a vestirme, pensé en cada prenda que me puse, sostén, calzón, las medias, aquel vestido que a él le gustaba tanto, pinté mis labios, un buen perfume y peiné mi pelo, al mirarme en el espejo me parecí una mujer linda, deseable y muy seductora, luego solté una pequeña risa y salí hacia el bar.

Al entrar los ví a los dos sentados de lo mejor conversando, llegué a la mesa, miro al muchacho e inmediatamente se convierte en un hombre deseable, tomo unas cuantas copas, la conversación era muy fluida, sin darme cuenta dejo mi timidez de lado y comienzo a coquetear con los dos, suelto mi pelo, río, toco mis manos con las de ellos, de pronto llega la invitación al departamento.

Tomamos un taxi, yo sentada al medio y deseando llegar luego, cada vez me resulta más apasionante a lo que íbamos. El muchacho se sienta en el sofá, yo busco unas copas, y Jorge se sienta en la alfombra, al recibir mi copa, me mira, busco su boca, y me siento junto al joven, seguimos la charla, rompiendo el miedo , de pronto Jorge le pregunta ¿quieres tirarte a mi mujer?... antes que el joven respondiera, Jorge le dice «nosotros queremos», deja la copa en el suelo , se acerca y me besa, siento el aliento a vino en mi cara, corre su mano por mis muslos, Jorge mira seriamente con una copa entre sus manos.

Ya estamos desnudos en el sofá, me sorprendo al ver su pene, con aquella erección, me arrodillo entre sus piernas y se lo chupo, Jorge comienza a desnudarse, y se acerca a mi espalda y comienza a acariciarla, estamos así por largo rato, tocándonos, chupándonos, hasta que el muchacho me hace tenderme de espalda en el suelo, muy lentamente se acomoda entre mis piernas y muy despacio comienza a penetrarme, mi cuerpo se estremece entero, Jorge se tiende a mi lado, trato de mantenerme conectada con él, La penetración es dolorosa pero al mismo tiempo fascinante, mi cara se transforma de placer, el muchacho me besa la boca, el cuello, luego los pezones, Jorge se acerca hacia mi boca y me besa, pierdo la noción de quién es la boca y las manos que me tocan, su pene esta duro dentro mío, y sus dedos me acarician por todos lados. De pronto abro los ojos y veo como Jorge se besa con el joven logrando una erección en él. Cierro nuevamente mis ojos logrando un orgasmo intenso, el joven se levanta y siento el semen caliente de Jorge sobre mi piel.

Quedamos exhaustos. El muchacho se vistió, me besó y cerró la puerta, dejándonos en silencio, nos dormimos plácidamente.

Cuando desperté había una bandeja, el olor a café, pan, todo placentero, como aquel muchacho, que quizás había entrado a nuestras vidas para no desaparecer más.

También puedes leer: cuentos eróticos, un encuentro casual.

Por: Francisca Buzeta

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