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viernes, 4 diciembre 2015

Cuentos eróticos: un encuentro casual

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Logré tomar el bus, al sentarme noté el cansancio de mi cuerpo, respiré lo más profundo y cerré los ojos por solo un instante, fue aquel olor intenso que me hizo abrirlos rápidamente. Estaba sentado al lado mío…»buenas noches»… me dijo, espero que sea un buen viaje.

Sólo fui capaz de hacer un pequeño gesto con mi boca, logrando una pequeña sonrisa suya.

¿Por qué me sentía así? ¿qué fue lo que ese hombre provocaba en mí? observé cuidadosamente sus manos, lentamente mis ojos hicieron un recorrido por su cuerpo, era mirar en cámara lenta, sin dejar pasar ningún detalle, sus brazos, el cuello, los labios, pestañeaba en forma armoniosa, tocó con su mano izquierda la frente y la dejó caer en su muslo, fue ahí donde mis ojos se detuvieron como hipnotizados, sus dos piernas tan cerca, casi rozando la mía.

Mi respiración aumentaba, silenciosamente, empezó un pequeño calor desde mi pecho, sentí el peso de mis senos, como mis pezones se endurecían, desabroché los dos primeros botones de mi blusa, dejando escapar un poco aquel calor.

El bus avanzaba, no me había dado cuenta cuanto tiempo había transcurrido, que solo cuando apagaron la luz, noté que había sido bastante.

Él reclinó su asiento, puso su cabeza hacia atrás y juntó sus manos sobre la cintura, me miró… «no vas a hacer lo mismo»… nuevamente mi corazón comenzó a palpitar mas rápido, solo veía su sombra tan cerca mío, recliné mi asiento, puse la manta sobre mis piernas, y tomé su mano… la llevé hacia mi boca, tome su olor, mis labios besaron cada uno de sus dedos, pasando mi lengua lentamente por ellos, con mis manos subí la manta y el comenzó a tocar mis senos, con sus dedos mojados hacia un suave rose por mis pezones, mis piernas se movían muy despacio tratando de no meter ruido, solo sentí su voz en mi oído…. «puedo»… empujé su mano y se fue deslizando lentamente hacia abajo, desabrochó mi pantalón , con los dedos levanto el calzón, y comenzó a penetrar sus dedos, solo cerré mis ojos y sentí, estaba toda humedecida.

Tocaba mi clítoris empujándolo hacia atrás, luego volvía a penetrar sus dedos, con la palma de la mano hacia una fuerza que me excitaba de manera brutal, introduciendo sus dedos en mi ano, mi respiración y pequeños gemidos me hicieron pedir más, nada me dolía, quería más, mis piernas se encontraban completamente abiertas, la parte de abajo de mi calzón estaba corrida hacia el lado provocando un rose mayor sobre mis labios, sentí un pequeño gemido de  él junto con el mío, habíamos logrado el orgasmo juntos, en forma silenciosa, y prohibida, de a poco mi cuerpo se fue aquietando, el retiró su mano lentamente, abrochó mi pantalón, cerro mi blusa y me besó.

Cuando desperté ya no estaba a mi lado, solo quedaba su aroma y un papel que decía…«qué buen viaje».

Por: Francisca Buzeta.

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