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miércoles, 13 diciembre 2017

Dicen que mi hija Elena se va a morir…dicen…..

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No sé bien por dónde empezar este post. Son casi las 12 de la noche, estoy sola, me acompañan mis dos perros, Liendre y Capitán, nadie más. La televisión está prendida en silencio, están dando la Teletón. Y yo….aquí….un poco en estado de shock, un poco asustada, con cero certezas y grandes desafíos.

Estoy embarazada de mellizos, los tan esperados Vicente y Elena. Hoy me sentí mal y mis papás me llevaron a urgencia. (mi marido está de viaje). Entré por un dolor de cuerpo y salí con un dolor de alma. Entré segura y salí con miedo. Entré con una sonrisa y salí conteniendo el llanto.

Cuando estaba en la camilla la doctora me preguntó: ¿está acompañada? Sí, le dije. Vamos a llamar a su marido, respondió. Yo le comenté que mi marido no estaba, que andaba de viaje, que estaban mis papás afuera. Ah….un silencio y su cara de preocupación. ¿Qué pasa doctora? ¿hay algún problema? Sí…..hay una de las guaguas que tiene líquido en la nuca…..¿y eso puede tener consecuencias? pregunté, sí….fue su respuesta….es probable que tenga una alteración cromosómica. ¿Puede ser síndrome de down? volví a preguntar, y en silencio, con una cara de lástima, asintió con su cabeza apretando sus labios…..y luego en voz baja y suave dijo: sí, que podía ser eso o quizás otra cosa, pero que algo no estaba bien.

Estallé en llanto. Vi como ella trató de contenerse en su rol de doctora, pero su rostro había cambiado. Después de darme algunas explicaciones más se fue, se notaba compungida, triste. Yo me senté en la camilla y lloré, lloré desgarradamente, lloré, me fui al baño y seguí llorando con mis manos en la cara.

Al rato me limpié mi rostro y me fui. En el pasillo volví a romper en llanto, pero tenía que ser fuerte y saber disimular porque estaban mis papás afuera y no quería preocuparlos. Me hice la señal de la cruz, agarré coraje y pensé: más que nunca necesitaré fuerzas para sacar a mis hijos adelante. Y salí sonriendo, les dije a mis papás que todo estaba bien.

Me vinieron a dejar a mi casa y comencé a leer en internet. Una página, otra página, más páginas, necesitaba saber qué estaba pasando con mi guagua. El mejor diagnóstico era síndrome de down, los otros eran síndromes donde los niños mueren antes del año de vida y eso me aterró. No quiero que mi guagua se me muera. Lloré aferrada a mi cama, gritando mientras mis dos perros se me acercaban a consolarme, me lamían la cara, me pasaban sus patitas….y lloré y me sentí sola….entre medio de todo esto me escribió mi marido por wassap varias veces pero le dije que todo estaba bien. ¿Servía de algo preocuparlo a larga distancia? Pensé que no tendría sentido, solo se angustiaría y quizás hasta se devolviera antes interrumpiendo sus actividades laborales. Mejor le contaba a su regreso.

Han pasado pocas horas desde que recibí la noticia, y quizás siento un poco de incertidumbre, pero por sobre todo siento la energía y la fuerza de que a esta mamá nada la va a derribar y que le daré mi vida a mis hijos por sacarlos adelante de lo que sea. Hoy tengo tan pocas certezas de todo, menos de una cosa y es que a mi niña preciosa le daré la mejor vida que pueda darle y que la amo tanto tanto….como sea, como nazca, como venga, la amo, la espero con ansías y me la quiero comer a besos y la quiero abrazar…..amo a mi Elena preciosa y amo a mi Vicente.

Segunda parte

Ha pasado una semana y media desde que escribí la primera parte de este texto. En este tiempo volvió mi marido y hemos recorrido los mejores especialistas de este país. Uno tras otro, buscando desesperadamente un diagnóstico que nos de esperanza. Alguien que nos pueda ayudar.

Sin embargo todo se ha agravado. Me dicen que mi hija Elena se va a morir, que tiene hidropesia severa, que la cantidad de líquido que tiene en su cuerpo no es compatible con la vida y uno de los médicos me dijo «ojalá se muera luego, eso sería lo mejor». Yo me niego. Yo confío en un milagro divino. Ellos dicen que mi Elena es inviable. Y no, no le pueden pedir a una madre que se resigne a ver morir a su hija. No. Desde que supe que algo pasaba que no puedo dormir, que tengo el cuerpo y el alma cansada pero la esperanza viva. La desesperación no me deja comprender que la medicina no tenga solución para esto, ni en mi país ni en otro. 

Entro a cada consulta con la esperanza de que me digan que el doctor anterior se equivocó, o que si viajamos quizás a Estados Unidos podemos salvarla…pero no….las puertas médicas se nos van cerrando y solo nos queda aferrarnos a Dios, a la Virgen….a los rezos….a un milagro…

Con mi marido hemos llorado abrazados, juntos, viendo en los ojos del otro el dolor, el agobio, la incredulidad….pero al mismo tiempo aferrándonos juntos a la vida, a esta familia maravillosa que tenemos y poniendo todo en las manos de Dios, rezando una y otra vez…..y optando por la vida de nuestra hija en toda circunstancia.

Las buenas noticias son que su hermano Vicente, hasta ahora, está creciendo sin problemas y es un delicioso inquieto que se mueve mucho.

Seguiremos dando la pelea. Seguiremos en esta espera angustiante, pero sobre todo seguiremos amando a nuestros hijos y confiando en las decisiones divinas.

Un gran abrazo

Caro Guida

Directora de Mujer y Punto

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