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lunes, 18 enero 2016

Dieta paleolítica, conoce sus pros y sus contras

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Ya desde hace 20 años, la dieta paleolítica es un tópico polémico en el ámbito de la nutrición. ¿Por qué? Muy sencillo: propone alimentarnos como lo hacían los seres humanos cuando éramos cazadores-recolectores, es decir, antes de la aparición de la ganadería y la agricultura.

La base de la dieta paleolítica

“La base principal de esta propuesta nutricional se apoya sobre la idea de que los seres humanos, a través de miles de años de evolución, hemos adquirido una serie de características genéticas adaptadas a una forma de alimentarnos que dista mucho de la dieta que consumimos actualmente. Y, según los defensores de esta dieta, es precisamente esta discordancia entre el diseño de nuestros genes y los alimentos que consumimos en la actualidad, lo que ha favorecido el aumento tan alarmante de las enfermedades relacionadas con la nutrición (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, etc.”, explica Ana González Madroño, Bióloga especialista en Nutrición Deportiva.

Entre los alimentos que entran en este tipo de régimen se hallan “las frutas y verduras, las raíces y tubérculos, los frutos secos y los aceites vegetales crudos. Y entre los alimentos de origen animal están las carnes magras, los huevos y los pescados”.

Hasta aquí muy bien, son alimentos saludables y necesarios para el funcionamiento correcto del cuerpo humano.

El problema de la dieta paleolítica

El problema viene con los alimentos que excluye, es decir, aquellos que empezamos a consumir unas vez que nos volvimos sedentarios y criamos animales domésticos y cultivamos plantas para que fueran parte de nuestra dieta. Esto significa principalmente lácteos y cereales.

La exclusión de ambos productos en una dieta normal, dejarían de aportarnos el calcio de la leche y la fibra dietética de los cereales, con graves consecuencias para la salud.

Y aunque hay otros alimentos que aportan calcio y fibra en la dieta occidental, los lácteos y los cereales están entre los principales. González Madroño tiene una opinión bastante sensata sobre este tema: “yo creo que los lácteos y sus derivados ofrecen muchas ventajas nutricionales y salvo patologías y circunstancias concretas, no es necesario eliminar por completo su presencia en la dieta, ya que aportan proteínas de excelente calidad y calcio asimilable, además de vitaminas liposolubles. Por tanto, en pequeñas dosis, pueden ayudar a enriquecer nuestra dieta”.

Ella misma apunta sobre los cereales: “el secreto está, más que en prohibir totalmente los cereales, en limitar su consumo, de manera que no desplacen a otros alimentos importantes y ricos en nutrientes como las frutas, verduras y frutos secos, y en el tipo y forma de cereales que se consuman de manera que no vayan acompañados de un exceso de azúcares y grasas procesadas”.

Según estudios la dieta paleolítica puede apoyar el entrenamiento de atletas de alto rendimiento, pero no todos somos maratonistas ni ironmen para renunciar a alimentos tan indispensables como los mencionados.

Hemos consumido granos enteros y lácteos desde hace miles de años también. No será fácil echarlos de nuestra mesa por una “dieta de moda”.

También puedes ver: dieta cetogénica.

Por: Matías Carrocera

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