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domingo, 23 junio 2013

«Dime cómo te Amaron y te diré cómo haces el Amor»

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La Terapia sexual es un mundo… No existe espacio más íntimo y de entrega que aquél que se da entre esas 4 paredes. Una mujer frente a otra comenzando a abrir su historia y esperando atar cabos sueltos que puedan explicar qué sucede hoy con su autoestima, su sexualidad y porqué…

Las premisas desde las cuales fundamento mi trabajo y trato de entender las probemáticas de la sexualidad humana son dos:

1)     “Dime cómo te amaron y te diré cómo haces el amor” donde se ha estudiado que la forma de víncularse en la primera infancia tiene alrededor de un 80% de correlato con la forma en que te vinculas en la adultez en pareja (Hazan, C., & Shaver, P.R. (1987).

2)     “El 98% de cómo funcionamos es aprendido” (CRAIGHEAD, W.; KAZDIN, A.; MAHONEY, M. 1984).

Con estas dos premisas y luego se ser explicadas a cada paciente, se van a la casa a preparar su tarea para la próxima sesión…

En la primera tarea les pido un análisis de su relación infantil con sus padres, que investiguen, que recuerden, que pregunten, que vean fotos, en fin: necesito saber cómo aprendieron a ser amados, abrazados, contenidos, sostenidos, cuidados, besados, mirados, en fin…como aprendieron a entregarse.

En la segunda tarea les pido que me traigan una biografía de su sexualidad: si nos paramos desde la vereda de que la gran mayoría de las cosas que hacemos, pensamos y creemos se aprenden, es bastante probable que una sexualidad disfuncional tenga como base muchos “malos aprendizajes”. Es por lo mismo que esta historia debe integrar todos los aprendizajes que han hecho en su vida respecto a la sexualidad, al sexo, al erotismo, al placer, al displacer, al asco, al pudor, a la vergüenza, al cuerpo, al dolor…

No se imaginan la cantidad de información que estas dos actividades entregan sobre cada uno… Para muchas mujeres es muy fuerte darse cuenta de cómo la falta de confianza o de preocupación que sintieron en sus primeros años, está profundamente ligada a la falta de confianza que despliegan en sus relaciones de pareja y como eso mismo repercute enormemente en su vida íntima (entendiendo íntimo como un espacio interno que sólo compartimos con algunas personas).

Entendámoslo con el ejemplo de un niño que se levanta de la falda de su mamá para conocer el mundo, donde todos sabemos que dentro de cada ser humano están las tendencias de explorar, de saber, de observar, de conocer el mundo:

Niño 1: Se levanta y camina, corre, mira para todos lados, recoge todo lo que encuentra, agarra cada cosa que se le pone en frente, mira para atrás y está su madre mirándolo y diciéndole: “conoce el mundo mi amor, que yo estaré cuidándote desde acá”…. Ese niño tiene la certeza y la seguridad de que puede explorar y conocer ya que hay alguien ahí que le da seguridad. Puede irse lejos y atreverse porque sabe que está seguro.

Niño 2: Se levanta y antes de empezar a mirar hay una madre que dice: “no te vayas lejos, no toques ahí, ten cuidado con eso, no me dejes sola, si te portas mal me voy…” ¿Qué hace este niño? Se queda al lado de la madre, es capaz de postergar sus ganas de explorar el mundo por miedo a perder a su madre, por temor a salir herido.

¿Cómo vemos esto en la adultez? Es una radiografía bastante precisa para entender la vida adulta y lo veo cada día en mi consulta: Una mujer con bases seguras es esa mujer que tiene la capacidad de hacer su vida, tener sus espacios, amar sus intereses, respetar sus tiempos y seguir sus sueños sin poner en duda que el hombre que tiene a su lado la va a dejar de amar por esto.

Una mujer que se mueve desde darle seguridad al otro, probablemente postergará absolutamente todos sus gustos y sus anhelos para que su pareja esté ahí y no haya riesgo de perderlo… A esto se le subentiende que la sexualidad de esta mujer no es algo que se viva de manera placentera, sino como “una entrega para que el otro me ame” y claramente las consecuencias aparecerán tarde o temprano en su vida sexual…

¿Porqué les entrego toda esta información? Porque siempre es bueno tener claras nuestras propias heridas, nuestra piedra en el zapato y así seamos responsables de ellas para no buscar en nuestras parejas conductas que tienen que ver con nuestras inseguridades.

Ps. Nerea de Ugarte

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