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jueves, 24 octubre 2013

«El galan porno» por Johnie Daniels

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El galan porno. A riesgo de parecer torpe e insípido, he aceptado la invitación para escribir en una página de temas de mujeres. Sin duda un gran desafío el poder poner un poco de la otra mirada, esa mirada que a veces tanto les molesta cuando uno se queda en silencio y ustedes esperan que digamos algo, lo que sea, aunque las enoje pero algo, esa mirada a veces tan simplista que puede parecer despreocupada y poco profunda.

Ahora algunas precisiones: No pretendo representar al género ni mucho menos, no pretendo ser el estereotipo, ni el macho alfa, así que simplemente hablare de mí; ¿Egocéntrico cierto? Pero si somos egocéntricos, onanistas por excelencia, acostumbrados a tener orgasmos desde muy niños, a tener prácticas en la adolescencia de competencia en todo sentido y sin duda esas prácticas van formando nuestra personalidad, nuestra adultez, nuestra forma de amar y de relacionarnos.

Ahora partir este primer post, y partiré hablando del galán de porno, ese estereotipo que tenemos desde aproximadamente los 12 años que a nuestras manos, las de los más viejos, llegó un VHS que pasó por todo un curso como “vídeo de ciencias” y que fue objeto de tantas reuniones, risas, riesgos y aventuras.

El galán de porno por lo general no corresponderá a nuestro genotipo, pocas veces, por razones obvias, sabremos qué piensa y si piensa algo en realidad, pero lo que sí sabremos es que durante largas horas nos hace creer que logra, con las posiciones más increíbles e insólitas, dar placer a cuanta mujer se le cruce, nunca se cansa y si se cansa a los pocos segundos se repone.

Bueno, ese galán de porno que se nos presenta como modelo de virtud, en la mayoría de los de mi generación (que viaja entre los 30 y los 40) llega sin duda a nuestras vidas con años de prelación a nuestra primera experiencia sexual, la cual por lo general, no es en un estudio de grabación, con la posibilidad de cortes, ediciones, comodidades, si no que al revés es una experiencia clandestina, muchas veces incómoda y completamente opuesta a la que vimos alguna vez en ese ya añoso VHS.

Es por eso que la mayoría de nosotros, hombres machos, recios y viriles ¡JA!, estamos constantemente comparándonos, cuestionándonos, a veces sintiéndonos culpables de no ser unas máquinas. Es así que cometemos estupideces como preguntarles “¿estuvo rico?”, “¿te gustó?”  muchas de las cuales, afortunadamente, me siento contento de estar eliminando de mi léxico cuando son dichas con sentido de reafirmación egocéntrica, de que no estamos tan lejos de ese modelo rubio musculoso, brioso y dotado actor jajaja.

Se nos olvida, a riesgo de que me traten de machista, que ustedes por lo general no vieron tanto porno como nosotros, que Jenna Jamesson y su sensual tatuaje no es un modelo a seguir para ustedes en la cama y que por lo tanto no exigen a un galán de porno, sino simplemente a un buen amante, que sepa donde, como y cuando tocar, cosa que sin duda no se aprende en las películas si no que en la práctica y la conversación (nunca vi a dos actores porno hablando de sexo y creo que es de las practicas más sanas y enriquecedoras en la pareja)

Que quede claro que no tengo nada contra la pornografía, más allá de que en algunos casos sea una industria de explotación y que raya con ilícitos, pero que quede claro también que como dicen por ahí “solo pasa en las películas” y que al final la mejor relación sexual es la que se disfrutó y provoca recordación y recurrencia más allá del resultado “ideal” que la industria del porno desde niños nos metió en la cabeza.

Por Johnie Daniels

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