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lunes, 7 octubre 2013

Rodrigo Guendelman: «Ideas que vale la pena divulgar»

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«Ideas que vale la pena divulgar», por Rodrigo Guendelman. Pensaba escribir esta columna sobre una increíble charla que vi en TED. Una de tantas conferencias que me han hecho aprender y gozar en ese alucinante emprendimiento cuya sigla viene de tres conceptos: Tecnología, Entretenimiento y Diseño. Pero no, más adelante hablaré sobre esa presentación específica. Esta vez prefiero concentrarme en el medio. En la fuente de la información.

Como pocas veces, la tesis de Marshall McLuhan de que “el medio es el mensaje” tiene aquí su mejor ejemplo. A través de la plataforma de TED en internet, más de mil millones de visitas únicas han permitido a personas de todo el planeta cambiar la manera de enfrentarse al conocimiento. Ya no es imprescindible comprar libros (algo que en Chile es un lujo, considerando el absurdo IVA que los grava en 19%), ni estar en una universidad, ni hacer un posgrado, ni asistir a carísimos seminarios para saber lo que viene.

¿Por qué? Simple. Porque en Ted.com está el panal de sabiduría más dulce del planeta. Una videoteca de más de 1.500 conferencias gratuitas, traducidas a casi todos los idiomas y transcritas a muchos lenguajes.

Científicos, diseñadores, sicólogos, físicos, músicos, investigadores, matemáticos, historiadores, periodistas, ingenieros, genios del beatbox, Premios Nobel, ex vicepresidentes de Estados Unidos, los fundadores de Google, el creador de Microsoft, la escritora Isabel Allende y la también chilena Isabel Behncke, antropóloga experta en bonobos; todos ellos y muchos más han entregado sus reflexiones, las que nunca superan los 18 minutos en TED.

Una vez me tocó contestar una pregunta en un congreso sobre temas digitales, en el cual participaba como expositor. “¿Cómo ve el futuro de las redes sociales y el tema digital en general?”, era la interrogante. “No tengo idea”, contesté, “pero estoy seguro de que si esa respuesta existe, la podrán encontrar en alguna charla de TED”, agregué. Estoy absolutamente convencido de eso y creo que el siguiente argumento puede ayudar a defender lo expuesto. Fíjense.

Los asistentes a las charlas TED pagan una membresía de varios millones de pesos por poder atender físicamente estas charlas. ¿Son muy guapos todos los expositores? Nada de eso. Lo que sucede es que hay una brecha de tiempo entre las charlas presenciales y el momento en que son subidas a la red. Días o semanas que pueden volverse estratégicas para un emprendedor o un investigador que acceden de manera privilegiada a información relevante.

Ideas worth spreading es el eslogan de TED, algo así como Ideas que vale la pena divulgar. No es raro, entonces, que algunas empresas destinen medio día a la semana a que sus empleados vean charlas de TED para que puedan “pensar fuera de la caja”, es decir, para que se les haga más fácil innovar después de enfrentarse a los innovadores que aparecen en este sitio web. Y ahora en Netflix.

No es raro, tampoco, que cada vez sean más las personas que bajan la aplicación gratuita de TED a su celular y, en vez de escuchar música mientras trotan, dejan que su mente navegue sobre las palabras de David Byrne acerca de la manera en que la arquitectura ayudó a la evolución de la música, o de la sicóloga Amy Cuddy explicando que ciertas posturas corporales pueden cambiar nuestro comportamiento, o del emprendedor-genio Elon Musk explicando cómo pasó de crear la marca de autos eléctricos más importante del mundo a reinventar el “negocio” de los cohetes espaciales.

Si cada colegio de Chile dedicara algunas horas de la semana a que sus alumnos vieran presentaciones de TED, algo que sólo requiere de un PC (o un teléfono con internet) y una pantalla, apuesto a que el bichito de la innovación y la creatividad empezarían a picar más fuerte por estos lados. No cuesta nada. Y pucha que abre la mente.

Por Rodrigo Guendelman

www.guendelman.cl

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