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martes, 2 enero 2018

La noche que perdí a mi hija Elena

Después de muchos intentos y un par de años de angustias, logré quedar embarazada de mi Elena y mi Vicente. Ellos llegaron a revolucionar mi vida, la de mi marido y de nuestro entorno cercano. Ha sido un embarazo complicado y he tenido que estar en cama más de tres meses. En un post anterior (que puedes leer aquí) conté cómo nos enteramos de que Elenita estaba enferma y que los doctores me decían que era inviable. Sentí tanta desesperación como nunca antes en mi vida, sentí miedo, pena, culpa pero por sobre todo sentí un amor inmenso por mi hija, fuera como fuera, naciera como naciera, estuviera conmigo el tiempo que estuviera…..yo la amaba.

Recorrí los mejores especialistas de este país y me contacté con centros y hospitales de Estados Unidos, Argentina y Europa. Todos me decían lo mismo: las probabilidades de vivir de Elena eran sumamente bajas. Las noches las pasé sin dormir, llorando, buscando en internet respuestas, rezando, suplicándole a Dios, a la Vírgen, a mis ancestros, a los Santos.….a todos….que por favor me ayudaran. La medicina tiene límites, pero Dios no.

El séptimo especialista que vi fue esencial en todo este proceso. Un médico fetal muy reconocido quien me entendió, me calmó, me hizo entrar en razón y consoló mi llanto. Me dijo que dejara de buscar respuestas en la medicina porque no las iba a encontrar, que no siguiera recorriendo médicos porque ya había visto a los mejores en la materia, que entendía mi desesperación pero había llegado el momento de abandonarme en la situación, de entregar a mi Elenita y que pasara lo que tenía que pasar. Le dije que quería viajar a Estados Unidos a ver si alguien allá me podía ayudar, me dijo que no era necesario porque me iban a decir lo mismo.

Nadie podía ayudarme a salvarle la vida a mi hija. Nadie. Yo estaba de manos atadas y con una herida en carne viva que no me dejaba casi ni respirar. Efectivamente había llegado el momento de dejar de buscar respuestas y entendí que no todo está bajo mi control y que no podía manejar la vida de mi hija.

Entré angustiada a la consulta de ese doctor, como con cada doctor que visité y pero esta vez salí en paz, calmada, agradecida y dispuesta a disfrutar el tiempo que la vida me regalaba a mi Elenita. Seguía esperanzada en un milagro pero ya estaba más dispuesta a aceptar la voluntad de Dios, aceptar lo que la vida quería mostrarme.

Pasó una semana. Pasó la navidad. Y el martes de 26 me desperté a las 2.40am y me quedé despierta hasta cerca de las 6. Durante esa noche viví una experiencia divina. La sentí….sentí cuando el alma de la Elena salió de mi cuerpo. Sentí cuando la Elena se me iba. Sentí cuando la Elena se me murió. Una fuerza impresionante recorrió desde mi vientre hacia arriba y salió desde lo más profundo de mí. Me sentí vacía, tan vacía que tenía miedo de haber perdido a Vicente también. Puse mis manos en mi vientre, recé y lloré. Jamás sentí tanto vacío en mi vida, en mi cuerpo. Sabía que la Elena había partido en ese momento. 

Al día siguiente vino mi cuñada y le dije: siento que la Elena murió anoche. Luego fuimos con mi marido a una ecografía y en el camino le dije: no te hagas ilusiones, la Elena se murió anoche, siento el vacío.

Sí, sentía su ausencia. Ya había un tremendo hoyo en mi alma. Un corazón que había dejado de latir dentro mío. Un cuerpo apagado. Y la ecografía lo confirmó. Mi Elenita ya no tenía latidos. Mi Elenita murió a los 4 meses de embarazo. Increíble la conexión que una madre puede tener con su hija, incluso para sentir algo como lo que yo sentí. 

Su hermano Vicente es un exquisito que se mueve, que está un poquito gordo y que me da la fuerza para seguir adelante. A mi Vichito lindo lo amo tanto tanto como a su hermana. Mi embarazo sigue y ahora con menos riesgos. Llevo a mi Vichito en el vientre y a mi Elenita en el alma. Agradecida de sus vidas, de estos meses. Agradecida de Dios que seguro ya tiene a mi niña preciosa cerca del. Y agradecida de toda la gente que me ha estado acompañando en este proceso.

Gracias a mi principal apoyo, mi marido maravilloso. Gracias a nuestras familias, nuestros amigos, las lectoras de mi blog y tantas mujeres que ni conozco pero que se han dado el tiempo de escribirme, de darme una palabra de apoyo, de incluirme en sus rezos…recibí mensajes y correos de cientos de personas de muchos países, mujeres que me contaban de sus vidas, sus historias o simplemente de quienes querían darme un abrazo a la distancia. GRACIAS. Gracias a cada uno de ustedes porque han hecho que todo sea más fácil y amoroso…..

Gracias a mi Elenita por haber venido a alegrarme la vida durante cuatro meses, viviría todo de nuevo solo por tenerla conmigo este tiempo precioso que nos regalaron juntas. Gracias a mi Vichito que me da esperanzas y fuerzas.

Gracias a Dios que nunca falla…..

Un gran abrazo

Caro Guida

Directora de Mujer y Punto

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