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miércoles, 18 mayo 2016

»Lo que amo de Dublín»: segunda parte capítulo 1

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Ya les dimos a conocer la primera parte del capítulo 1 del libro de Amanda Laneley »Lo que amo de Dublín». Si quieres saber como continúa la historia de Sara, aquí va la segunda parte de este primer capítulo!

»Lo que amo de Dublín», segunda parte capítulo 1

Iluminada por la luz del sol que se colaba a raudales por las ventanas, Sara descubrió que la casa era aún más hermosa de lo que había visto la noche anterior. Era de dos pisos; en la parte superior se encontraban todos los dormitorios, mientras que abajo, estaban el salón y la cocina. La sala tenía blandos sillones ideales para acurrucarse frente a la chimenea en días de lluvia. La cocina era iluminada y toda de madera con un amplio ventanal que daba hacia un hermoso jardín interior. Lo mejor de todo no era que la casa quedara tan cerca de la universidad que incluso podría irse caminando; no, lo mejor era que había encontrado una amiga en Fran. Habían pasado la noche conversando y  Sara ya sentía como si la conociera de toda la vida… ¡Y cómo necesitaba una amiga en esos momentos!… »Ojalá pudiera convencer al tal Daniel», deseó con toda su alma.

A las ocho de la tarde, bajó las escaleras y se dirigió al salón donde la esperaba Fran, enfundada en un vestido corto y tacones kilométricos. Sara temió de inmediato que sus sencillos jeans y su abrigo no estuvieran a la altura.

–Ya estoy lista –dijo insegura.

La mirada crítica de Fran le confirmó sus temores.

–Tendrá que servir… Por cierto, llegó Colin, así que ahora se acaba el español para nosotras. Cuando están los chicos solo se habla inglés, para que todos podamos entendernos.

–No hay problema; me manejo bien en inglés.

Great, entonces llamo ahora mismo a Colin –Fran cambió de idioma–. ¡Colin! ¡Colin! ¡Ven a conocer a Sara!

Los pasos perezosos de alguien bajando la escalera, precedieron la llegada de Colin y luego él entró. Llevaba jeans desgastados y una camiseta ancha, que lo hacía parecer incluso más delgado de lo que ya era. No parecía mucho más alto que Sara, por lo que ella calculó que debía rondar el metro setenta y algo. Sus ojos azules y su pelo castaño revuelto le daban un aire relajado.

–Colin, esta es Sara –dijo Fran–. Ella va a ser nuestra nueva compañera de casa.

Colin le tendió la mano.

–Hola. Fran me dijo que eras profesora de español.

–Así es, voy a trabajar en la UCD… ¿tú eres músico, verdad?

–Sí, bueno no vivo aún de eso, así que mientras tanto también trabajo en publicidad… ¿Llegaste hace poco a Dublín?

–Sí, apenas ayer, me vine directo del aeropuerto hasta aquí. No sabía que habría problema con arrendar el cuarto.

–Y no lo hay.  Si Fran dice que puede convencer a Daniel es porque puede. Además a esta casa le vendría bien otra chica y también el dinero, para ser francos. Justo el otro día estábamos hablando de eso con Armando, así que bienvenida… Eso me recuerda que él y Daniel se nos reunirán directo en el bar; será mejor que nos pongamos en marcha.

Los tres dejaron la casa rumbo a uno de los bares del centro. El pub era amplio, construido en madera oscura y tenía una amplia barra donde la cerveza corría sin cesar. Personas de todas las nacionalidades reían y charlaban en acentos e idiomas variados, mientras la música celta y el olor de la cerveza flotaban en el aire.

El grupo tuvo suerte de encontrar una mesa rápidamente y Colin, siguiendo las instrucciones de Fran, se fue a buscar a Armando. A los pocos minutos llegó el italiano: alto, delgado y sonriente. Tenía la piel algo bronceada, el pelo castaño espeso y los ojos oscuros. Algo en su porte y en su confiada manera de moverse, hacía que las mujeres demoraran su vista en él un poco más.

–Hola Fran –Armando la saludó con un beso prolongado en cada mejilla–. Tan guapa como de costumbre. Colin me dijo que querías contarme el plan con el que piensas engatusar a Daniel.

Ella se cruzó de brazos.

–Dudo mucho que el bueno de Colin haya usado la palabra “engatusar”, así que no inventes. Y en todo caso, nadie va a engatusar a nadie; que una chica alquile la habitación es algo perfectamente razonable y tú lo sabes. Otro hombre más y me volvería loca; con ustedes tres, ya tengo suficiente. Por cierto, te presento a Sara.

Armando le sonrió apreciativamente a Sara antes de saludarla también con dos besos.

–Bueno, ya tienes mi aprobación. Habría que estar loco para negarse a vivir con una mujer tan hermosa como tú –dijo Armando.

–Gra.. gracias –fue lo único que atinó a responder ella, algo cortada.

Fran lo miró con cara de pocos amigos.

–¿Es que siempre tienes que pensar con tu cabeza inferior? Sara va a ser nuestra nueva compañera de casa, com-pa-ñe-ra- de –ca-sa, ¿te queda claro? No puedes liarte con ella.

Armando la despeinó juguetonamente.

–Tranquila, Fran; no es necesario que te pongas celosa. Solo era una broma.

–Como si pudiera estar celosa de ti, donjuán de pacotilla. Tengo novio, por si se te olvida.

–No se me olvida, pero yo puedo hacer que se te olvide a ti –él curvó sus labios con picardía.

Fran se echó a reír.

–Me rindo. Como ves, Sara, vas a llegar a una casa de locos.

Sara sonrió por toda respuesta. Le encantaba la camaradería que notaba entre los inquilinos.

–No sé cómo piensas convencer a Daniel de dejar a Sara quedarse –le dijo Armando a Fran–. Ya sabes lo cabezota que es. Recién el otro día le pedí alquilar el cuarto a una de las chicas con quienes trabajo y se negó de plano. Ni siquiera le importó que si no encontramos a alguien luego, nos tocará a los demás cubrir la parte del alquiler.

–Después de lo tuyo con Inga y la batahola que ella armó, Daniel no quiere otra vez el mismo problema, pero aceptará que Sara se quede si tú prometes no intentar ligártela.

–Lo puedo prometer mil veces pero no creo que sirva de mucho.

–¿Y si hablo yo con él? –intervino Sara–. Tal vez al conocerme, se dará cuenta de que no hay el menor riesgo de que me enrolle contigo, Armando. Ni la más mínima posibilidad.

Armando se echó a reír.

–Creo que ese ha sido el rechazo más radical de toda mi vida.

–Lo siento, no quería decirlo así –se disculpó ruborizándose– es solo que ni se me pasa por la cabeza tener nada con nadie por el momen…

Ella tiene el corazón roto –explicó Fran– su ex novio la engañó.

Sara pensó que lo mejor era aclarar de inmediato que las cosas no habían sido exactamente así, pero Armando se le adelantó al tomar la palabra.

–Vaya, lo siento mucho, pero a lo mejor si le cuentas eso a Daniel, se ablanda. Siempre quiere ayudar a todo el mundo. Se ve rudo por fuera, pero en realidad tiene un corazón de abuelita.

Fran asintió con entusiasmo.

–Es una excelente idea, Sara. Simplemente entablas con él una conversación trivial de bar, como que no quiere la cosa, le cuentas lo que te ha pasado y después le sueltas que quieres vivir en la casa. No podrá negarse.

Sara dudó porque el plan rayaba en la manipulación, si es que no lo era directamente, pero pudo más su deseo de quedarse.

–¿Y cómo me acerco a él sin ser tan obvia?

Armando sonrió.

–Eso déjamelo a mí. Tú ándate a la barra y yo mismo me encargaré de propiciar un encuentro “casual” entre ustedes dos.

Fran lo miró poco convencida.

–Daniel jamás se acerca a ninguna mujer desconocida en un bar. Si eso es lo que estás pensando, te digo de inmediato que no va a funcionar.

–¿Quieres apostarlo, mi querida Fran? Pero si gano yo, tendrás que darme algo a cambio.

–Pide lo que quieras –dijo ella muy segura– de todos modos vas a perder.

Armando sonrió lobunamente.

–Esperaba que dijeras eso… Mira y aprende de un profesional.

El italiano dejó a las chicas y se abrió paso entre la gente del bar hacia la mesa donde estaba Daniel.

–Pensé que venías con Fran y Colin –comentó Daniel cuando él llego–. ¿Los encontraste?

–No los vi por ninguna parte –dijo Armando desviando la mirada– no creo que hayan llegado; descuida, deben estar en camino. Mientras tanto siempre podemos matar el tiempo al lado de ese par –apuntó con su vaso de cerveza a dos rubias a un par de metros de ellos.

Daniel sacudió la cabeza con la expresión de quien está harto.

–Otra vez con lo mismo, hombre. Ya sabes que no vengo a los bares en ese plan, ¿cuándo vas a dejar de darme la lata para que te acompañe a abordar mujeres?

–Ya, ya… No entiendo por qué tan cerrado con el tema; incluso cuando las mujeres se te acercan, siempre las rechazas a todas. Dime, ¿hace cuánto que no te pegas un polvo?

–Eso no es asunto tuyo. Te recuerdo que no me interesa tener un lío con nadie en este momento. Estoy a un par de meses de irme de viaje a Australia y lo que menos necesito es complicar las cosas empezando una relación.

–Puf, hombre, hablas como una quinceañera, ¿quién dijo relación? Te estoy hablando de un polvo solamente. No estás eligiendo a la madre de tus hijos, ¿sabes? Un polvo es solo sexo. No significa nada más.

–Tal vez para ti no signifique nada más, pero yo no soy igual que tú.

Armando lo miró con la expresión burlona de quien acaba de descubrir un secreto muy jugoso.

–Vaya, vaya… Jamás habría pensado que eras un romántico. Así que por eso no quieres conocer a nadie, te mueres de miedo a que una mujer te rompa el corazón.

–Deja de hablar tonterías –Daniel dio un sorbo tranquilo a su cerveza–. Solamente prefiero estar solo, eso es todo. Y si quieres hacerme cambiar de parecer, al menos podrías elegir alguna mujer que fuera realmente atractiva.

Armando sonrió para sus adentros. Su amigo le acababa de poner en bandeja la oportunidad de poner en marcha el plan.

–¿Qué me dices de ella? –señaló a Sara– la mujer que está hablando con el barman.

Daniel la miró, pensando que primera vez en la vida, Armando mostraba algo de buen gusto. Por el pelo castaño de la chica y sus ojos también oscuros calculó que era extranjera. Joven, no demasiado alta; de rostro sonriente y curvas precisas, con la belleza natural que a él tanto le gustaba… Hermosa, sí, muy hermosa. 

La voz de Armando lo sacó de su muda admiración.

–Bueno, ¿vas a ir a hablarle o simplemente te vas a quedar mirándola como un tonto?

–No, no voy a ir hablarle.

–¿Por qué no? ¿Es que no es lo suficientemente atractiva para su majestad?

–Al contrario. Tiene buen cuerpo y una cara angelical… –volvió otra vez su vista sobre ella– y ojos preciosos, como soñadores.

Armando lo miró con auténtica burla.

–¿Ojos soñadores? ¡Vamos, Romeo! Si eso es en lo que te fijas en una mujer, no me extraña que lleves tanto tiempo sin echarte un polvo… Si la encuentras tan atractiva, ¿por qué diablos no te le acercas?

Daniel hizo girar su vaso con los últimos restos de su cerveza.

–¿Qué caso tiene? Ya te dije que no quiero conocer a nadie. No quiero que ninguna mujer interfiera con mi viaje a Australia.

–Hombre, que no te vas a casar con ella, solo le vas a invitar una cerveza.

–No le veo el sentido a empezar nada que no pueda terminar, así que no.

Frente a la rotunda negativa, Armando lo miró retadoramente.

–¿Es que acaso tienes miedo de que te rechace?

–No se trata de eso.

–Si no es eso, entonces acércate a ella, ¿o es que acaso eres un gallina?… Clo, clo, clo, clo– empezó a cacarearle en el rostro.

–Ya te dije que no es por eso.

–Clo, clo, clo…

–Puedes hacer el ridículo toda la noche –dijo Daniel ya algo picado– de igual forma no voy a ir.

Armando se calló y lo miró con atención. Finalmente propuso con gravedad:

–Si le invitas una cerveza a la chica, dejaré de insistirte para que me acompañes a ligar.

Daniel alzó la cabeza interesado.

–¿Lo dices en serio? ¿No me presionarás más?

–Muy en serio. Te dejaré tranquilo para que te entregues al celibato de aquí hasta que te vayas a Australia si eso es lo que quieres.

–¿De verdad? ¿Solo una cerveza con ella y me dejarás tranquilo? –entrecerró los ojos con sospecha–. Hum… es demasiado bueno para ser cierto, no parece muy propio de ti.

Armando respondió con una tranquilidad inusual en él:

–Bueno, aunque seas mi mejor amigo, eres el peor acompañante del mundo para salir a ligar, así que ¿qué sentido tiene seguir insistiendo? Una cerveza con ella y eres libre, ¿aceptas?

Él dudó por algunos instantes.

–Acepto –dijo finalmente.

Creyó ver que Armando reprimía una expresión victoriosa, pero lo dejó pasar. Luego dio un último trago a su cerveza y se dirigió a paso seguro a su encuentro con Sara.

Si te gustó la historia de Sara y quieres saber cómo continúa, debes estar atenta ya que en unos días subiremos el capítulo 2!

Por: Amanda Laneley

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