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lunes, 7 marzo 2016

Lo que sentí el día en que mi hija dejó de ser un bebé

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Ya han pasado 5 años desde que dejaste mi cuerpo y comenzaste a respirar el aire de este bello mundo. Veo hacía atrás y comienzo a pensar en todas las cosas que he hecho por ti como guardar tus juguetes por las noches o limpiarte la nariz cuando estabas enferma. Claro que al convertirme en madre mi situación de vida cambió y sabía que tendría que aprender muchas cosas, pero nunca creí que podría llegar a transformarse en lo que estoy viviendo y sintiendo.

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Querida hija mía, como todo en la vida son procesos es de esperarse que nosotros los padres pasemos por muchas transformaciones personales, pero estoy 100% segura que aunque me hayan enseñado a ser mamá, en la realidad es completamente distinto. Por ejemplo tu abuela me enseñó a tomarte en brazos, pero después de un tiempo fui yo quien descubrió cómo te gustaba que te mecieran.

Algún día tendré que explicarte que todos podemos informarnos sobre los niños por libros o sitios web, también encontrar consejos de especialistas o doctores sobre cómo mantenerlos con buena salud, pero cuando te das cuenta que un ser humano depende de ti, todo tu ser se revoluciona. Todo es nuevo, todo emociona y siempre estás dispuesta a dar más, pero cuando ya te acostumbras a ver a tu pequeña todos los días no te das cuenta de cuánto va cambiando.

Soltaste mi mano y no tuviste miedo, pero yo sí

Hoy debía ser un día como cualquier otro: te di un abrazo para que te acompañase durante el día y un beso calientito en tu pequeña mejilla, pero algo cambió. Nuestra típica despedida de la mañana se sintió diferente cuando te dejé en tu primer día de escuela. Tengo que confesar que me sentí muy nerviosa por esta nueva experiencia que estás viviendo, pero al parecer soy más cobarde que tu en ese sentido: no necesitaste pensarlo dos veces antes de entrar a la sala de clases con tus diminutos pasos.

Cuando soltaste mi mano y viste tus nuevos compañeros no supe comprender qué fue lo que estremeció mi pecho. Me quedé atónita mientras una sensación amarga, pero dulce se apoderó de mi boca. Te vi de abajo hacia arriba y me di cuenta que ahora el camino desde tus pies hasta la cabeza es muy largo, más largo de lo que pensé.

Un “wow” sonó como eco en mi cabeza mientras reías con tus nuevos amigos, les mostraste el bolso de Frozen, tu muñeca de Rapunzel y cuando te acordaste de mi me miraste para levantar tu pulgar y darme el visto bueno de la situación. Estabas en paz y tranquila, no tenías ni una pisca de temor pero no puedo decir lo mismo.

Ya te había dejado antes cuando ibas al jardín de infancia y aunque la escuela no es tan diferente, fue inevitable que el miedo se apoderara de mi. Me costó mucho procesarlo pero después de horas más tarde pude entender qué fue lo que me pasó cuando te deje ir: me di cuenta que creciste.

Disculpa hija pero ¿me puedes decir en qué momento dejaste de ser un bebé?

Me has tenido todo el día pensando en ti y en cómo ha pasado el tiempo: dejaste de ser un bebé que lloraba todo el tiempo, una niña pequeña que pintaba las paredes con rotuladores o tiraba el papel higiénico al baño. Esas largas noches de llantos, desvelos y canciones de cuna, ahora no son más que recuerdos guardados en mi cabeza.

Te has convertido en una tierna mujercita que me cuenta sus dudas, chistes e hipótesis que me hacen reír demasiado día tras día. Ahora me preguntas por qué se puede flotar en el espacio, dónde se esconden los monstruos o si el amor dura para siempre. Podemos dialogar por horas sobre cosas que te interesan o hacer expediciones nocturnas en el jardín para buscar insectos y aprender sobre ellos.

Quizás me acostumbré al verte crecer frente a mis ojos y lamentablemente me doy cuenta que no estaba preparada para el momento de dejarte ir. Puedo sonar muy sobreprotectora, pero nunca es fácil aceptar que los pollitos necesitan extender sus alas y volar por sí solos.

Todavía no sabes que entrar a la escuela es un gran paso para los niños y también lo es para los padres porque es allí donde descubrimos que nuestros “bebés”, ya son pequeños seres humanos que desean, piensan y sueñan. Tanto ustedes como nosotros nos embarcamos en el viaje de la vida para acompañarnos mutuamente y aprender, pero nunca pensé que ser mamá me haría sentir tantas emociones mezcladas.

Ahora debes estar pintando un bello dibujo, cortando figuras con tijeras o moldeando plastilina mientras por mi parte, estoy pegada viendo las fotos de tu nacimiento. Suena trágico ¿verdad? Pero honestamente, no podría ser mejor.

Logré ayudarte para que te convirtieras en una pequeña que es increíble donde además fuiste elegida para asistir a una escuela donde aprenderás cosas que no puedo enseñarte. Cumplí un sueño y ahora ya no siento miedo o temor, sino emoción y orgullo por ti. Y es así como se dan vueltas las cosas: el horror que sentí hace unas horas ahora no es más que un par de lágrimas de felicidad. Queda un largo camino por recorrer y todavía no puedo cantar victoria, pero sí puedo alegrarme porque creciste y yo tuve que ver con eso.

Catalina Grez.

Foto: weheartit.com

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