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lunes, 22 enero 2018

Mamás del mundo: yo no tengo hijos

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Hace un par de años escribía esta columna… Y sigo creyendo en esto al pie de la letra.

Aunque ahora, después de los 30, estoy rodeada de sobrinos a los que amo (justo hoy acabamos de darle la bienvenida a María… María Bonita), sigo sin tener hijos propios y sigo creyendo que, por mucho que ame estar con los niños, las personas que no somos padres también tenemos derechos.

Tenemos derecho a viajar cómodos en un avión, tenemos derecho a comer en un restaurante sin gritos, y tenemos derecho a ir al cine sin que el llanto de nadie nos interrumpa la película.

Los que aún no decidimos entrarle a la maternidad o la paternidad, por las razones que sean, también somos ciudadanos de este mundo, y aunque amemos sus hijos, seguimos teniendo derecho a nuestro espacio personal y al silencio.

Aquí les dejo esta columna, publicada originalmente en Actitudfem, mucho antes de que empezara la petición formal ante las aerolíneas para tener zonas especiales para niños…

A ver qué opinan:

Yo no soy mamá todavía… y no, no entiendo nada de lo que implica ser mamá. Sé que cuando tenga hijos todo será diferente y veré las cosas de otra forma (dicen…) y que tal vez terminaré haciendo todo lo que dije que odiaba hacer.

Pero hasta que llegue ese momento soy una mujer sin hijos que valora el silencio y el espacio personal. Y odio cuando sus hijos lo interrumpen.

No me malinterpreten, no es culpa de los niños. Los niños son niños y quieren jugar y reír y divertirse y me encanta que tengan la libertad de hacerlo, están viviendo una de las etapas más lindas de la vida y deben disfrutarla al máximo, debe estar llena de risas y aventuras y muchas travesuras.

Pero hay lugares y momentos para todo… y cuando los niños comparten con los adultos que no tienen hijos estos lugares y momentos la cosa puede terminar en caos.

La semana pasada una de mis amigas viajó a ver a sus papás. En el asiento detrás del suyo venía un niño de unos 7 años que no dejó de patear su asiento y de gritar durante todo el vuelo. Nosotras entendemos que es un niño, que es inquieto y que está encerrado en una lata de metal a miles de pies de altura. Lo entendemos… pero ¿por qué tenemos que cargar nosotros con su energía?

Entonces mi amiga hizo un comentario en su Facebook que desató la ira de todas las mamás a su alrededor:

A nosotras, amigas solteras y sin hijos, nos pareció una excelente propuesta para las aerolíneas: poner una sección especial en la que viajen los niños y sus papás, al final del avión o en la entrada, donde ellos quieran, pero todos juntos en un caos de llantos y risas que ellos entienden y están acostumbrados a escuchar.

Queridas mamás del mundo: ustedes decidieron ser mamás. Nosotros no. Y todos tenemos que convivir en el mismo mundo, ¿cómo le hacemos?

Luego surgió el tema del cine… y alguna revista publicó que ya existen salas especiales para mamás en las que el sonido es más bajo y las luces menos tenues para que los niños puedan soportar las 2 horas de película sin morir de llanto.

Y nuevamente se abrió el debate… y nuevamente salen las mamás a la defensa de sus pequeños gritones diciendo que cuando tengamos hijos lo entenderemos. No mamás, sí lo entendemos, lo que no entendemos es por qué nos tenemos que incomodar nosotros para que sus bebés (y ustedes) estén a gusto.

Nadie ha sugerido que las mamás deben quedarse en casa los primeros 13 años de sus criaturas… no se trata de aislarlas de la vida social ni de privarlas de la diversión del mundo. Ser mamá no es un castigo, pero sí es una elección de vida que no todos hemos tomado.

Y como elección implica algunas consecuencias… Y si todos vamos a vivir en el mismo mundo, ¿Por qué les causa enojo o incomodidad que se sugieran o se abran espacios para sus hijos?

Yo no me meto a un restaurante de comida rápida y espero silencio… Si estoy comiendo ahí entiendo que los niños que están en la alberca de pelotas gritan y se ríen y corren como desquiciados. ¡Está bien! Es su espacio.

No pretendemos ir a un parque con juegos y que esté en silencio, ni pretendemos ir a una función de Disney y que no haya gritos. ¡Son espacios para niños!

Entendemos que la vida social de las mamás no puede girar en torno a los McDonald’s y los Burger Kings, entendemos que tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutar de una buena comida o de viajar a París, pero también entiendan nuestro derecho a viajar y a comer con espacio personal y silencio.

Nuestra sugerencia es que los niños y sus papás ocupen ciertos espacios y los no papás el resto del lugar. La idea es que todos compartimos el mundo y todos podemos poner nuestro granito de arena para que sea un lugar mejor… Nosotros entendemos que sus hijos son SU prioridad y que tienen ciertos requerimientos y ustedes entiendan que no queremos comer o viajar o ir al cine con gritos, llantos y patadas.

Sí, nos hacen falta muchos más espacios para papás sin que sean lugares de niños, pero si dejáramos de reaccionar tan negativamente ante las sugerencias, tal vez las empresas lo tomen en cuenta y todos podamos tener nuestro espacio ideal.

¿Qué opinan? Nos encantaría escuchar la opinión de mamás y no mamás al respecto…

Por: Caro Saracho.

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