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lunes, 7 enero 2019

Mamá con tetraplejia: «quiero criar a mi hija de 2 años»

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Mi nombre es Valeria, soy madre en situación de discapacidad severa, de una beba prematura de 30 semanas, que actualmente tiene dos años y seis meses. 

Una nena más bella que el sol, mi persona favorita en el mundo, la que día a día me enseña la riqueza de la maternidad por sobre las dificultades a las que se nos condiciona solo por el hecho de poseer una discapacidad.  Aquella discapacidad que no elegimos ni depende de nosotros, pero, que sin embargo, define y determina lo que podemos y » no podemos hacer», lo permitido o «anulado», en nuestras vidas.

Uno de mis mayores anhelos era ser madre, pero, desde pequeña se me inculcó, que no podía, así que desde siempre se transformó en una utopía, que añoraba y observaba desde a lo lejos.

El año 2006 ingresé a la carrera de Trabajo Social, en la Universidad Católica del Maule y en el 2008, a raíz de mi condición, tuve una lesión medular que ocasionó tetraplejia y dependencia de un ventilador mecánico para respirar y hablar. Después de 2 años hospitalizada, logré retomar mi carrera universitaria y el 2015 después de una larga relación quedé embarazada, pese a que estaba en tratamiento anticonceptivo ya hace bastantes años, y el padre de mi hija no podía ser padre por un accidente en su juventud.

Sin ninguna probabilidad de procrear, bajo todo pronóstico de » no poder», nació Fernandita.

Por ello, me consideró una «Mujer y Punto», independiente de mi discapacidad y de vivir en un país que recién se esta interiorizando en temáticas de diversidad, un país sin ninguna política de Estado que valide y represente la maternidad asistida para madres como yo, que no contamos con la movilidad y capacidad de nuestras manos y piernas para cuidar un bebé, pero que sin embargo, somos tan madres, tan mujeres como cualquiera otra.

Un país donde aún preexisten los prejuicios de referirse a la discapacidad como enfermedad o asexuados. Un país donde visualizar una realidad tan cotidiana como la maternidad desde lo diverso es casi un estado de demencia, o simplemente te silencias por la angustia, o crees lo que te hacen creer, hasta tal punto de hacerte ver como un factor de riesgo para tu hija/a solo por ser  diferente.

Las madres con dependencia severa, por lo general deben institucionalizar o dejar a sus hijos en manos de familiares, pasando por alto que en ocasiones no existe red familiar, pero quieres seguir junto a tu bebé, poder criarlo, acompañar cada etapa de su desarrollo, y esto lo que quiero plasmar en mi historia, una madre, mujer, profesional, quien ama con todo su ser a su hija, y que pese a ser «persona con discapacidad», jamás renunciara a luchar por ella y hacerla feliz.

Valeria Riveros Agurto

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