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martes, 2 enero 2018

¿Te has preocupado de sanar tu «niña herida»?

Muchas de las experiencias de rabia, pena, frustración o miedo que vivimos con relativa frecuencia, y que a menudo no podemos explicar, tienen su origen no en el evento que las gatilla, sino en lo que algunos llaman el “niño herido”. Eckhart Tolle lo llama el “El Cuerpo del Dolor”, y se compone básicamente de un sinnúmero de heridas acumuladas, propias y heredadas, que en complicidad con el ego buscan nuevas situaciones o personas que vibran en la misma frecuencia baja para acoplarse y fortalecerse mutuamente. Es una estrategia de utilizamos para capturar la atención y simpatía de los demás, y consolidar nuestra posición como víctimas de algo.

El cuerpo del dolor se manifiesta a nivel inconsciente, le encantan los conflictos y se nutre de ellos, por eso condiciona la interpretación de nuestra propia historia personal, atrincherándonos en ideas poco saludables de nosotros mismos; y también condiciona nuestro comportamiento en relación con las circunstancias externas y con los demás en muchos contextos diferentes; en el trabajo, en las amistades, la familia, en las relaciones de pareja, etc.

El cuerpo del dolor funciona a nivel individual, pero también a nivel familiar y colectivo. Así podemos encontrar múltiples ejemplos de agrupaciones sociales como los hinchas de un equipo de fútbol, los activistas fanáticos, las tribus urbanas; y también en casos de etnias o naciones completas que se aferran a una idea victimizante que fortalece su identidad y los mantiene cohesionados.

¿QUÉ HACER CON ESO?

Primero que nada saber que existe, y luego reconocerlo como una posibilidad latente en uno mismo, para recién desde ahí empezar a hacer un trabajo serio de auto indagación. Esto podría ayudarnos a encontrar el verdadero origen de nuestras heridas o conflictos, que probablemente tienen muy poco que ver con quien creemos que las provoca, y mucho que ver con nuestros vínculos primarios dañados.

Para sanar, hay que estar dispuestos a observar más allá de lo aparentemente obvio, y a perdonar más allá de lo aparentemente imperdonable.

Raimundo Silva Guzmán / Life Coach
vivoenarmonia.cl

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