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lunes, 17 noviembre 2014

No tengas hijos hoy si puedes tenerlos mañana

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Debo comenzar con un supuesto. Si yo fuera mujer, de esas que tienen metas muy altas en el plano laboral -“career women” les dicen en inglés- y estuviera en plena edad fértil, no tengo duda alguna de que congelaría mis óvulos. Si el presupuesto me lo permitiese, claro está. O, alternativa B, si tuviese la suerte de trabajar en una empresa que ofreciera ese “beneficio” en forma gratuita.
Escribo esta última palabra entre comillas, porque he visto a mucha gente saltar del asiento luego de la noticia que proviene de dos grandes empresas estadounidenses. Tanto Apple como Facebook les están ofreciendo a sus empleadas financiarles el ciclo de estimulación ovárica para la toma de muestras, que allá cuesta unos 10 mil dólares (casi 6 millones de pesos), a lo que se debe sumar 500 dólares (casi 300 mil pesos) al año por  almacenar los óvulos”.
Fantástico para una mujer que quiere posponer la maternidad, pero que no quiere ver cómo la calidad de sus ovarios se deprecia año a año. Una maravilla para cualquier ejecutiva que quiere competir de igual a igual con un hombre y que no tiene por qué sentir el llamado de la naturaleza a los 28, 32 o 35 años. ¿Y si cambia de opinión? Entonces aprovecha los beneficios maternales.
La norma prácticamente estándar entre las empresas tecnológicas de Estados Unidos es de cuatro meses sin trabajar luego del parto. Y, ojo, por cuenta de las empresas. Las que también son bastante generosas con los padres: entre cuatro y 17 semanas libres, dependiendo de la compañía. O sea, ayuda para atrasar el embarazo, si es lo que usted quiere, y ayuda por quedar embarazada, si ese es su deseo. En otras palabras, estímulo para una mayor diversidad de mujeres.
Insisto, me parece digno de aplauso. Y no se trata de un tema de bondad corporativa. A las empresas tecnológicas les cuesta reclutar talento femenino: las que mejores números tienen apenas llegan al 30% de su planta tecnológica. Entonces, están dispuestos a ofrecer motivación.¿Usted, señorita, señora, es de esas mujeres que sueñan con llegar a ser como Marissa Mayer, la directora ejecutiva de Yahoo!? ¿Usted, señorita, señora, quiere trabajar 14 horas diarias en este lugar para llegar a ser la número uno? ¿Usted, señorita, señora, que quiere todas esas cosas y que piensa que la maternidad podría afectar su competitividad, o que, simplemente, no está ni ahí con ser mamá en el corto y mediano plazo, sí quiere tener las mismas posibilidades de ser mamá a los 42 que a los 24? Entonces aquí le damos la posibilidad. Usted elige. Nadie la obliga. Así de simple.
Por eso me cuesta entender frases como las de una columnista del diario El País que dice que “el novedoso incentivo desprende un tufillo machista que le quita el aura de innovación que rodea todo eso de la vitrificación. Y lo asemeja más a una de esas perlas sexistas y, por ende, anacrónicas a las que estamos más acostumbrados por aquí: aquello de no contrato mujeres en edad de procrear porque, claro, no ‘me’ rinden igual…”.¿Acaso no hay cada vez más mujeres en el mundo occidental que simplemente no quieren ser mamás en edad reproductiva, pero que, al mismo, tiempo, sí quieren tener la posibilidad de tomar esa decisión cuando hayan logrado sus objetivos profesionales?
Es más, este tipo de incentivos permite a las mujeres competir con todos esos cuarentones que, ya contentos con sus logros profesionales, cansados de tanto carretear, bien viajados y bien pololeados, recién entonces deciden ‘enderezarse’ y ponerse en campaña para buscar pareja estable y formar una familia. ¿Por qué nosotros sí y ellas no?”
 
Esto no es ni machista ni discriminador ni antifamilia. Esto es pro mujer 2.0 del mundo corporativo, una que no tiene por qué seguir pagando costos biológicos y sociales por lograr sus objetivos. Esto se llama emparejar la cancha.
Por Rodrigo Guendelman
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