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lunes, 7 marzo 2016

Por qué me convertí en la novia fugitiva

Me imagino que conocen a la famosa actriz de Hollywood Julia Roberts, una mujer con carisma y belleza que logra cautivar a todo el mundo. Fue en 1999 cuando se estrenó la película «La novia fugitiva», la cual contaba la historia de una mujer que se comprometía para contraer matrimonio, pero siempre terminaba huyendo como un caballo despavorido por la pradera. Por distintas razones no era capaz de asumir tal compromiso y dejaba que todos sus miedos inundaran su mente. ¿El resultado? Siempre se quedaba sola.

Cada vez que cuento mi historia de vida terminan comparándome con Julia Roberts y no digo que sea malo o bueno, pero simplemente es la realidad. Al igual que ella estuve de novia dos veces con dos personajes distintos, pero nunca pensé que las cosas terminarían de la forma en la que lo hicieron. Simplemente, no era feliz.

novia-fugitiva

Llamemos al primero Juan, un abogado moreno muy divertido pero introvertido, mientras que el segundo que llamaremos Sebastián, era un rubio muy aventurero y extrovertido.

Con Juan salimos por 3 años mientras ambos estábamos estudiando en distintas universidades, éramos jóvenes y nuestro mayor sueño era casarnos y vivir juntos un cuento de hadas. Por un milagro fuimos bendecidos con una pequeña niña y aunque no era nuestra idea que naciera fuera del matrimonio, así se dieron las cosas y punto. A veces sólo queda aceptar y avanzar, por más planes que hagamos la vida hará lo que quiera con ellos. Cuando nuestra hija tenía 4 meses de edad, nos encontrábamos haciendo los preparativos para sellar nuestro amor ante nuestras familias, amigos y Dios, pero algo no encajaba.

Dos cuentos de hadas que llegaron a su fin

Llevábamos un tiempo sin llevarnos bien, por mi parte le exigía que pasara más tiempo con ella y que ayudase más con su cuidado, pero el decidió concentrarse en los estudios. Para hacer el cuento corto, no aguanté más y decidí subirme a mi caballo para huir al igual que Roberts. Me convertí en una novia fugitiva.

Lo mismo ocurrió con Sebastián, con quien empecé a salir después de cancelar mi compromiso anterior. Después de dos años juntos decidió pedirme matrimonio y hasta fuimos a ver anillos juntos. Estaba feliz porque sentía que al fin las cosas cambiarían y no pasaría lo mismo que con Juan, pero sin darme cuenta las cosas se fueron en picada.

Mientras continuábamos hablando de los preparativos, supimos otra increíble noticia: seríamos padres de una pequeña niña. Yo estaba en las nubes porque mi hija mayor tendría una hermana con quien jugar, pero al comienzo Sebastían no estaba muy feliz. Él tenía soluciones drásticas en su mente y todas ellas eran terribles. Ya con 5 meses de embarazo tampoco quise seguir en esa situación y opté por cancelar mi segundo compromiso.

¿Qué fue lo que pasó?

Fueron muchas noches sin dormir: daba vueltas en mi cama mientras afirmaba a mi hija grande y con mi otra mano me hacía cariños en la barriga. Después de usar cerca de 1.000 pañuelos desechables decidí secar mis lágrimas y me propuse a entender por qué mi vida había cambiado tanto. Quizás en ese momento no estaba tan clara como hoy, pero por lo menos me tomé el tiempo necesario para meditar sobre ambas situaciones. Hoy puedo comprender cómo me quede sin esposo, con dos hijas y además me gané el nombre de novia fugitiva.

1. No me sentía cómoda

En ambas situaciones mi instinto me decía que algo andaba mal, ya fuese con uno o con el otro, no estaba tranquila. Claro que todos podemos tener dudas sobre el futuro, pero cuando me di cuenta que ni siquiera quería verlos, entendí todo. Si uno va a casarse tiene que estar seguro de querer lanzarse al precipicio con los ojos cerrados, pero por alguna razón no tuve el valor de hacerlo. Ni con sujeto A ni con personaje B.

2. No era lo mismo de antes

Ambas relaciones partieron a flor de piel, momentos felices y risas se encargaron de adornar meses de felicidad lleno de amor, pero ¿por qué me sentía extraña? Es obvio que las cosas cambian cuando uno es padre: hay menos salidas, las juntas con amigos son cada vez más escasas y el teléfono móvil ya no suena tanto como antes. Honestamente esas cosas no me molestaban, pero quienes debían sacarme carcajadas ahora sólo producían lágrimas. Me puse fuerte y no permití que nada me deprimiera, siempre estuve lista para salir adelante.

3. Intentaba proyectarme, pero no podía

Cuando cerraba mis ojos en las noches me imaginaba en distintos escenarios como por ejemplo en un apartamento pequeño o en una gran casa, pero acompañada. Soñaba con la vida perfecta y de una u otra forma, al final siempre quedaban mis niñas y yo en el panorama. Cuando uno construye en su mente el «mundo ideal» como dice la canción de Aladdino, supuestamente es porque está feliz, pero comprometerme de por vida con alguien era algo que debía pensar mejor.

4. Mis ganas por distanciarnos fueron aumentando

¿Les ha pasado que tienen muchos deseos de ver a alguien? sí, a mi también. Aunque al descubrir que atesoraba mucho más mi tiempo a solas, fue un llamado de alerta que no pude pasar por alto. Sólo quería dedicarme a mi, a mis niñas y creo que eso no tiene nada de malo.

6. Al final me di cuenta que sería más feliz sola que mal acompañada

Ya sea por miedo al compromiso, al engaño o a que me rompieran el corazón, preferí quedarme sola. Estar sola no es malo y es muy triste que muchas personas lo vean de esa forma: estoy sola por decisión propia, no porque quiera diferenciarme del resto. No soy una madre soltera porque me dejaron sola y no ando llorando o buscando otros hombres. Estoy sola porque sé que así estoy mejor.

Catalina Grez.

Foto: weheartit.com

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