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miércoles, 18 junio 2014

Opté por ser mamá y me siento juzgada

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Soy mamá, eso es lo primero y, no tengo problemas en afirmar que es mi rol más importante. Tengo dos enanos chicos de 4 y 6 años, que amo por sobre todas las personas, cosas y sensaciones que pudieran existir.

Soy mujer, felizmente casada hace casi 9 años, hija, amiga, hermana y tantos otros roles. Soy ingeniero civil industrial de una reconocida universidad chilena, MBA en España. He vivido gran parte de los últimos 8 años fuera de Chile, pero ya estoy de regreso. Tengo buenos y grandes amigos, amigos nuevos y amigos de toda la vida.

Mi vida iba derechita, tranquilita, en orden, hasta que fui mamá, ahí todo cambió. De un día para otro me encontré conmigo misma, me di cuenta que vivía sobre una fantasía de mi vida porque nunca me había conectado conmigo misma para preguntarme qué realmente quería hacer de mi vida, si me gustaba lo que hacía, si era mi decisión o me dejaba llevar.

Todos mis paradigmas y todas mis programaciones se vinieron abajo, y no es fácil ir contra eso.

Contra todo pronóstico, contra todo lo que algún día proyecte para mí, dejé mi trabajo, postergué mi carrera y me quedé en la casa con mis niños. Aunque muchas amigas (y no tan amigas) no lo entienden, opté por estar con ellos y para ellos, no porque los estudios dicen que a ellos les hace bien estar con la mamá, sino porque creo fehacientemente que realmente es así, lo vivo a diario y lo disfruto.

Nunca lo hubiese imaginado, pero mis hijos, mi familia, me llenan más que nada en el mundo. Pero el tema no es tan simple, porque mi cabeza sigue haciéndome ruido todo el tiempo, porque la sociedad me sigue cuestionando y yo me dejo cuestionar. Hay personas que piensan que me estoy desperdiciando, que tanto esfuerzo en los estudios se está quedando en criar niños. Y aunque me muestro decidida y resuelta no lo estoy. Esta carta es una forma de hacer catarsis, quizás otras mujeres se sienten identificadas con mi situación, seguro las hay y las ha habido siempre. Creo que ya nos identificamos, nos distinguimos en la calle. Cada una con profesiones distintas, con situaciones matrimoniales distintas, con hijos distintos, pero a todas nos une el inmenso amor por nuestros hijos y el deseo de conectarnos con ellos. Hoy no es fácil quedarse en la casa. Así como mi abuela soñó en estudiar en la universidad (y no la dejaron), yo lucho por estar más tiempo con mis hijos y no caer en el sistema.

Hay mamás que tienen la facilidad de conectarse con sus hijos aunque los vean una hora al día, hay madres que no pueden conectarse nunca, aunque pasaran todo el día con ellos, hay madres que antes el miedo de enfrentarse a eso salen corriendo a trabajar, la maternidad les resulta más fácil a la distancia y por periodos cortos.

Podría escribir infinitamente sobre estos temas, sobre como la vida te empuja a hacer las cosas rápido, a que criar hijos es una pérdida de tiempo, sobre como las mujeres hemos buscado callar tantos llamados internos y tantos miles de temas relacionados que vivo a diario, pero ya habrá tiempo para eso…

La maternidad es invisible a los ojos de todos. No existen logros reconocibles a los demás. Y vivimos en un mundo donde todos queremos ser reconocidos por algo, entonces no es fácil.

La maternidad duele y las que decidimos quedarnos en ese estado por bastante rato sabemos lo que es, pero también sabemos lo maravilloso que se siente. Los niños, y lo digo porque lo he vivido, tiene una capacidad mágica de llevarte a estados de felicidad inimaginables, de sacarte de la más profunda de las penas, de hacerte mirar hasta donde nunca te has mirado, de recordar cosas de tu infancia que jamás supiste que existían, pero que ahora las ves con claridad y que muchas veces duelen, pero sanan también.

No todas tienen que pensar como yo, y justamente ahí radica la riqueza. Lo único que yo opino es que cada mujer, al momento de ser madre, debe cuestionarse qué espera de su vida, que quiere para su hijo y, sobretodo, parar un minuto a sentir y no dejarse llevar por la máquina. Debe ser una decisión pensada, sentida, madurada, porque la máquina no para si uno no la detiene con mucha fuerza y si quieres cambiar el sentido de la maquina o bajarte de ella, necesitas aún más fuerza.

Foto de: tucasanueva.com.mx

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