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miércoles, 9 octubre 2019

¿Por qué la industria de la moda debería bajar el ritmo?

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Nuevas prendas entran en las tiendas semana a semana, llenando de novedades, nuevas tendencias y “buenos precios” percheros y estantes para que miles de personas puedan acceder a ellas. La llamada “democratización de la moda” no sólo ha cambiado nuestra relación con las prendas, donde queremos tener más por menos, estar arriba de la última tendencia y rápidamente adoptar la siguiente, sino que también ha cambiado una industria completa… y lamentablemente no necesariamente para bien ¡hasta ahora! 

Lo que en los 2000 era una novedad, hoy es una realidad: la ropa es barata, dura poco y se reemplaza rápidamente. Debido a la rapidez con que opera la industria de la moda, en particular determinadas cadenas de retails dentro de ella, es que este modelo se ha llamado “fast fashion” o moda rápida, la cual se basa, a grandes rasgos, en producir y vender prendas baratas y de manera masiva en el menor tiempo posible, al menor costo posible.

¿Y qué tiene de malo? Hasta hace sólo unos años, aparentemente nada, o la inconveniente necesidad de un clóset más grande para guardar más ropa. Pero hoy el panorama es distinto, y la evidencia hace que cada vez sean más los consumidores, marcas y organismos que se preguntan cómo detener este monstruo que hemos creado. 

Te cuento…

Desde el año 2000 al 2014, la producción de ropa se ha duplicado y el número de prendas consumidas anualmente ha aumentado en un 60%. Sin embargo, alrededor de ⅗ de esa producción de vestuario termina incinerada o en vertederos tan solo al año de su producción y actualmente los consumidores conservan su ropa alrededor de la mitad del tiempo comparado hace 15 años atrás (McKinsey & Company).

Es decir, la ropa se ha vuelto desechable, siendo descartados después de 7 a 8 usos ¡PERO POR QUÉ! Principalmente por mala calidad de confección y obsolescencia percibida, porque… ya no se ven tan cool las rayas cuando todos llevan puntos ¿no?

Siempre hay un costo

Aunque percibamos que esa polera es un excelente negocio para nuestro bolsillo, hoy sabemos que alguien más está pagando por eso: un trabajador, trabajadora o incluso nuestro propio planeta. 

Planeta: Toda nuestra ropa proviene de la tierra, de un recurso natural y renovable como es el caso de las fibras naturales como el algodón o el lino, o de celulosa como es el caso de la viscosa. Pero también de fuentes fósiles no renovables, como el poliéster y nylon. Cada una de estas fibras tiene su propio impacto, por ejemplo para hacer un par de jeans se necesitan aproximadamente 7.000 litros de agua y para una polera de algodón 2.700. Así, se hace muy evidente que cada pieza de vestuario ¡es un recurso! y uno muy valioso. Entonces ¿cómo podemos evitar que termine siendo un residuo? 

El ritmo en que estamos consumiendo y produciendo ropa ha salido de control, y las cifras hablan por sí solas. El año 2015, la industria de la moda generó 1.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, que es más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinado. También es responsable de una quinta parte de la contaminación mundial del agua y un tercio de los microplásticos que terminan en los océanos, contaminando la cadena alimenticia. 

Trabajadores: ¿Sabes quién hizo tu ropa y en qué condiciones? Pocas veces pensamos en las personas que están involucradas en la producción de nuestra última compra, pero fue el año 2013 que eso empezó a cambiar. El derrumbe de la fábrica textil de Rana Plaza abrió los ojos del mundo, pues después de su colapso, el cual provocó la muerte de más de mil trabajadores y dejó a más de 2 mil heridos, reveló que conocidas marcas de retail confeccionaban sus colecciones en esas instalaciones. Por otra parte, aproximadamente un 80% de los trabajadores que confeccionan ropa son mujeres, quienes se ven expuestas a largas jornadas laborales, malas condiciones laborales y permanente acoso sexual.

Cuando nos enfrentamos a prendas muy baratas no podemos dejar de preguntarnos ¿quién no está recibiendo su parte? 

Bajándole el ritmo a la moda: el consumidor como un agente de cambio

No podemos cambiar el panorama de la noche a la mañana, pero definitivamente podemos hacerlo día a día y como consumidores somos una pieza clave en este cambio. La industria de la moda aceleró su ritmo porque hacía sentido a los consumidores de un mundo globalizado y ansioso por novedades, pero el tiempo ha pasado, no somos los mismos ni tenemos las mismas necesidades. 

Acercarnos a la moda desde una perspectiva más lenta nos invita preferir calidad por sobre cantidad, a ser más recursivos y creativos utilizando la ropa que ya tenemos y a escoger mejor aquellas que están por entrar en nuestras vidas. A ver la ropa no sólo como un objeto que me viste, sino como un todo que involucra a personas, materias primas y recursos, y a invitar a otros a hacer lo mismo. 

Cuando sabemos lo que se esconde detrás de una prenda, realmente puede importarnos. Por eso, como personas y consumidoras la invitación es a informarnos, preguntar, despertar la curiosidad y empezar a comprar de una forma inteligente, que dignifique la prenda que estamos comprando, así como el dinero que estamos invirtiendo en él. 

¿Te sumas a bajarle el ritmo a la moda?

Javiera Amengual 
Directora Franca. Magazine 
www.francamagazine.com
Magazine online de moda y vida lenta
IG: @francamagazine @javiera_amengual

Si quieres saber más sobre Slow Fashion, participa de la charla que Javiera Amengual dará en nuestra ExpoMujer by Mujer y Punto! (30 de noviembre y 1 de diciembre en Parque Araucano)

Imagen de StockSnap en Pixabay.

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