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miércoles, 20 enero 2021

¿Por qué nos da por recordar nostálgicamente cuando hay oscuridad?

Algo pasa que al llegar la noche se produce la nostalgia.  Y ¿por qué? ¿por qué nos ponemos tristes con mayor frecuencia cuando hay oscuridad?

Resulta que llegado el atardecer estamos convocados al relajo y el letargo. El cerebro nos invita a apaciguar el cuerpo y dejarle atenuado. El recuerdo a veces vuelve. Mientras oscurece te vuelves melancólico en los tiempos de susceptibilidad y tu organismo no está programado para preverlo. Entonces continúa sus funciones y al detonarse la gestación de melatonina, empiezas a sentirte un poco más frágil, calma, reflexiva.

Los centros de control del cerebro, que determinan los cambios de humor y el ritmo diario del organismo, están gobernados, en parte, por la luz que entra a través de los ojos. Los niveles de serotonina, el neurotransmisor que activa el cuerpo, aumentan cuando la luz golpea el fondo del ojo. Se piensa que la serotonina mejora la concentración y el estado de alerta, por eso es que en los meses oscuros, o cuando viene el atardecer y luego la noche y sus niveles disminuyen, se producen el letargo y la falta de energía propios del desorden afectivo que provoca la luminosidad.

Es más, hay un tipo de depresión asociada al cambio de clima. Recibe el nombre de «depresión estacional» y ocurre en los meses de otoño e invierno, pues las personas tienden a sufrir más episodios de decaimiento, debido a que los niveles de serotonina bajan, por eso es también que al invierno se lo relaciona con la melancolía. En esta depresión, la escasez de luz en los meses de otoño e invierno suelen ser agentes causantes, que desequilibran las hormonas y los neurotransmisores del cerebro.

Cuando recordamos…

A veces el recuerdo vuelve. Y no es que sea inesperado o previsible, solo aparece: por minutos, por un tiempo. Crea cosas, sentimientos quizá, la añoranza y nostalgia que, a sabiendas, está perdida.

La vista no se recupera por algunos segundos y te quedas pegado. En un punto fijo, una imagen, un instante indefinido. Ha vuelto el olor, la presencia o alguna sensación y sientes que quisieras revivirla consciente de no poder y/o no deber hacerlo.

Pero algo se mueve al interior, un clic que toma prestado un fragmento del presente para recordarte que el olvido nunca es tan definitivo en las vivencias ni aunque quisieras.

Cuando vuelves a desearlo te lamentas de haberlo perdido, recurres a la vana ilusión de crear lo que hubiese pasado si las cosas fueran distintas y se va. Porque no es real en el presente, se va porque solo vino de visita y ocurrió por un instante fugaz, efímero.

Por: Natalia Vidal Toutin
@natividaltoutin

 

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