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martes, 22 abril 2014

Preciosa Historia de Amor y Entrega absoluta #SoyDogLover

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En octubre del año 2013, un día martes en la tarde mientras trabajaba, recibí un whatsapp de una amiga, enviándome la fotografía de un quiltrito, cachorro como de tres meses, que estaba tirado en un antejardín.

Estaba con mioclonos (espasmos) y ya no podía caminar por el distemper. “No puedo ayudarlo Fran, esto requiere hospitalización, tratamientos…”. No lo dudé ni un segundo. Le prometí que encontraríamos la manera de financiar este asunto, pero teníamos que salvarlo.

Pepe tenía hogar. O mejor dicho, vivía en una casa, ya que de hogar tenía poco. Una abuelita que vivía en la casa contigua nos contó que no le daban comida ni agua, porque estaba enfermo y claro, esa familia no invertiría ni mil pesos en saber qué tenía ni en recuperarlo. Ella le llevaba cazuela todos los días. Esto ocurría en una población en El Monte.

Como Pepe estaba en el antejardín, tuvimos que golpear y preguntar. La respuesta fue “no es tu problema”, y portazo en la cara. La verdad, es que sí era nuestro problema. Así que mi amiga -mientras la vecina distraía a los otros perros mucho más grandes y agresivos que también vivían ahí- saltó la reja y literalmente, lo  robó. Así conocí y bauticé a Pepe.

Ese día, comenzó el camino más largo, desafiante y maravilloso que pudiera haber imaginado que tendría con un animal. Al comenzar esta aventura conocí personas indescriptiblemente valiosas, que por una foto en Facebook, se comprometieron con esta causa y junto a las cuales, hoy somos el “Equipo de Pepe”.

Luego de la primera semana que pasó hospitalizado, Pepe quedó tetrapléjico. Sus síntomas se agravaron y su estado se deterioró de manera considerable. Pensamos que moriría. (Reconozco que recé en una capilla para que se salvara).

Pero pasó un mes y Pepe sobrevivió. Su musculatura se atrofió hasta casi desaparecer y ya no sostenía la cabeza. Pero seguía comiendo. Ya llevábamos un mes haciendo campaña, escribiendo mails pidiendo donaciones. Lo íbamos a visitar todos los días, si una no podía iba la otra, mi partner le preparaba todos los días arroz con pollo y zanahoria, y se lo iba a dar al hospital.

Desde pequeña que amo a los animales, y en especial los perros callejeros me provocan un dolor punzante y ganas de llorar sin consuelo. De hecho, cuando yo era pequeña, la escena clásica en mi casa era: yo, chica, de pie llorando, con un perro tiñoso, afiebrado y desnutrido entre mis brazos, haciendo un trato con mi mamá para que me dejara curarlo, mientras le decía “te juro que después lo regalo”, entre mocos y suspiros. No puedo explicarlo, pero nací con ese cristal sin filtro.

El día que nos dijeron en el hospital veterinario “Pepe puede irse para la casa”, sus guardadores y su fisiatra, nos comprometimos con Pepe en conseguir lo impensado: que volviera a caminar.

Ese día que, sin pensar en cuánto tardaríamos ni en cuánto involucraba la tarea (dinero, tiempo, energía…), comenzaron a correr los seis meses que, apostamos junto al equipo médico, Pepe podría volver a caminar. Hoy llegó ese plazo y Pepe aún no camina; aunque ha recuperado sus patitas traseras y hoy usa su carro para trasladarse.

¡Pero los grandes logros vienen de grandes sueños! Así que continuaremos con este proceso, hasta conseguir nuestra meta.

¿Por qué te cuento está historia? No soy animalista ni me dedico a rescatar animales abandonados (tarea que admiro mucho por el temple que requiere).

Tengo un hijo quiltro, que adopté hace seis años cuando lo encontré con menos de un mes de vida, tirado en una noche lluviosa, en la mitad de una avenida. Duerme siesta conmigo, me sigue, me trae su pelota, me pide cariño, me consuela cuando lloro. Cuando me voy de vacaciones lo extraño y cuando no está en la casa, la siento vacía. Es parte de mi familia, es parte de mi vida. Mi compañía, mi peluche, mi perro. Soy doglover.

Entonces si no soy animalista, ¿por qué me metí en esto con Pepe? No tengo una razón para explicártelo, porque fue con la guata, con el corazón. Igual que todas esas personas incondicionales que invariablemente hasta hoy, nos han apoyado con este asunto, que sólo vieron la foto de este “pobre perrito”, y sin pensarlo, nos donaron lo que pudieron, compartieron la historia, nos envían hasta hoy su cariño.

¡Ay Pepe, me has enseñado tanto! De la generosidad, de la lealtad, de la compasión y la incondicionalidad. De cumplir un compromiso sin dudarlo. Me has enseñado que el compañerismo y el apoyo no necesitan de nombres, de referencias, de seguros ni pedir nada a cambio. Porque tantas personas, sin conocerte y sin conocerme a mí, quieren para ti lo mejor del mundo, sin pedir los créditos ni que publiquemos sus nombres buscando “reputación-solidaria”. Estas personas que no conozco ni conoces, te ayudan, están pendientes de tu recuperación, preguntan por ti, sin descanso, sin olvidarte.

Como les dije, no soy animalista ni radical, sino una simple guardadora de un perro que me ha enseñado de la vida más que cualquier humano, y al que le prometí que haría lo imposible para que volviera a caminar.

Por eso hoy, renuevo el compromiso y le vuelvo a prometer a Pepe, que tarde lo que tarde, seis meses más si es necesario, estaremos ahí para darle todo lo que necesita, porque has llenado nuestro pecho con la convicción de que una vida de un animalito como tú, lo vale todo. Vale la pena, el esfuerzo, el sueño, las dudas, los miedos y el coraje para lograrlo.

*Si quieres saber más de la historia de Pepe y apoyar esta causa, entra a la página de facebook Ayudemos a Pepe o escríbenos al mail [email protected]

 

Francisca Jara B.
Abogado y tarotista transpersonal
[email protected]
www.casaambar.cl
Foto: de la autora

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