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jueves, 30 julio 2015

Relaciones cíclicas: la esperanza de volver

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Cerrar la puerta e iniciar el único camino que figura coincidiendo con tus pasos, el de la partida. No hay doble sentido, ni señalética alguna que inste voltear el cuerpo,  la dirección es unívoca y el trazado largo, pero el puerto seguro, la meta descrita.

El fin de una relación ha gestado sobre su escena un stand by, se han encendido los intermitentes de ese carro. Minutos antes las compuertas de un destino programado para hacerse de a dos le han bloqueado la entrada y se ha quedado mirando a la pared. Impredeciblemente el carro no ha puesto la reversa, ni ha iniciado el retorno. Allí está, parado, esperando que las compuertas se arrepientan. Se encienden y se apagan las luces y no hay movimiento dentro, todo en conformidad. Pasan y pasan las horas y predomina el status quo.

Como polarizados el carro espera alguna maniobra para revertir la marcha atrás y las compuertas hacen silencio, como rindiendo honor a sus labores, duelan haberse cerrado. Un luto que dependerá la paciencia, la resignación o la decisión.     

La indicación de esas compuertas es una sola y bloquea una alternativa. El camino que delinea es el de ida. Lo que un día se cerró, voluntariamente, podría abrirse nuevamente, sin embargo, marca el precedente de las clausuras.

¿Cómo eliminar la esperanza de volver? La razón hace la fuerza. La Universidad de Kansas realizó un estudio científico que revela que la nocividad de las relaciones cíclicas (término – regreso) son el precedente de matrimonios infelices.

Se quiera o no una ruptura no acomoda lugar a reconstrucciones sin dejar sus grietas. La incertidumbre, será por siempre la madre de ellas. La seguridad de las segundas “patitas”, desencadena la confusa narrativa de los finales que parecen con punto suspensivo. Se alarga infinitamente es asunto en cuestión, se dilata el duelo, la asimilación, el sufrimiento.

Amber Vennum, profesora de la Universidad de Kansas y autora del estudio, explica que las relaciones “tienden a estar menos satisfechas con su pareja, tienen mala comunicación y toman más decisiones que afectan negativamente la relación. Tienen baja autoestima y sienten mayor incertidumbre sobre el futuro de la relación”.

El error más común, según médicos especialistas, es confundir la nostalgia con el deseo de volver. La falta delinea una necesidad tentadora y una manera de suplirla que retrocede al equilibrio inestable, volver a poner la pieza que no encaja en el sitio que estaba. Para cubrir un espacio mayoritario y reabrir la necesidad de cubrir o llenar los pequeños vacíos que deja una pieza que no encaja. En cambio la partida de la partida se proyecta dificultosa, totalmente indeseada.

Dejar fluir el tiempo con naturalidad, que discurra y se esparza por los rincones que debe con fuerzas volcánicas o caricias menudas, que corra el agua que debe correr bajo el puente sin idealizar el pasado, sin suponer que no debe doler.

Por: Natalia Vidal Toutin.

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