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domingo, 8 septiembre 2013

«¡Es el clítoris, estúpido!» por Rodrigo Guendelman

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‘¡Es el clítoris, estúpido!

“El 98% de los orgasmos son clitoriales” dice Odette Freundlich, especialista en disfunciones del Suelo Pelviano e integrante del Depto. de Ginecología y Obstetricia de una prestigiosa clínica privada.“Solamente un 25% de la población mundial femenina ha logrado tener un orgasmo vaginal”, dice un estudio de la Universidad de Harvard. Ya sea 2% o 25%, el hecho es claro: los orgasmos vaginales son poco comunes. Escasos. Difíciles de lograr. Si me permiten la metáfora, se consiguen cada muerte de obispo.

Para algunos machos recios, esto que cito y escribo parecerá evidente. Pero dudo que se trate de una percepción mayoritaria. En este país donde la sexualidad no es un tema que se enseña con apertura y asertividad en los colegios ni se habla con naturalidad en las casas, estamos llenos de hombres que siguen creyendo que el viejo mete-saca es sinónimo de tener sexo. Dicho de manera más elegante, que la penetración es la principal arma sexual masculina y que las mujeres la esperan ansiosas, anhelantes e impacientes. Craso error.

Esta columna podría leerse como una oda al dedo, a la lengua y a todas las demás herramientas (de piel, silicona, látex o plástico) que sirvan para jugar con el clítoris. Decenas de conversaciones con terapeutas expertos en sexualidad me han servido para concluir que un buen amante masculino es el que conoce su propia genitalidad y la de su pareja, el que sabe respetar los tiempos del sexo, el que es generoso y -hablando del tema que esta vez nos convoca- el que sabe ayudar a su mujer a conseguir uno o más orgasmos estimulándola antes de penetrarla.

Es más. Si los chilenos nos capacitáramos en estas materias, disminuiríamos las altas tasas locales de eyaculación precoz de manera estructural. Obvio: si un hombre entiende que en sus dedos, en su lengua o en un juguete erótico está la llave para el placer femenino; si sabe masajear el clítoris con habilidad, si lee las cifras antes mencionadas y se entera de que la inmensa mayoría de los orgasmos son clitoriales, entonces le estará quitando protagonismo a su pene en forma automática. Las expectativas no estarán puestas en el momento del coito y eso le permitirá disminuir la ansiedad. En el círculo virtuoso del sexo que entiende al clítoris como la cima a conquistar, habrá una mujer sabrosamente estimulada y un hombre que podrá permitirse una penetración que no esté bajo los focos. Así, ella sentirá la estimulación vaginal como un trozo más de la performance, uno de tantos momentos sabrosos; y él podrá mejorar el control de su eyaculación por el simple hecho de saber que su orgasmo adelantado no será sinónimo de un fracaso.

Más clítoris, menos vagina. Más dedos, menos pene. Así deberían llamarse algunos talleres de aprendizaje sexual subsidiados por el Estado. La gente andaría más contenta, el rendimiento laboral seguro que aumentaría y el índice de felicidad bruto podría competir con el PGB. Y, tal vez, las cifras de infidelidad femenina dejarían de aumentar de manera exponencial. Auch.

Por Rodrigo Guendelman

www.guendelman.cl

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