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lunes, 11 febrero 2013

Rodrigo Guendelman: «Tiempo de sexo»

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Tengo 43 años. Fui padre por primera vez a los 40. Me casé a los 37. Antes de eso, viví solo durante 12 años. Me acosté con varias mujeres. Algunas fueron pololas de pocos meses, otras de años, pero la mayoría fueron relaciones donde lo único que importaba era el sexo. Amé y necesité, pero especialmente deseé. Quise “meter goles” para descargarme, para contarle a mis amigos, para anotar en mi agenda de hechos destacados (los hombres no decimos “diario de vida”, pero en el fondo se parece bastante), para inspirarme en las columnas sucias que escribía en esos tiempos.

¿A qué voy con esta confesión? Muy simple: estoy convencido de que la experiencia es necesaria. Que tirar sin amor es bueno. Tan bueno como tener sexo enamorado. Porque te forma. Porque te entrena. Porque te hace hombre. Y escribo esto en el mes más sexual del año. En la playa, en la ciudad, donde sea, la gente está de vacaciones o, sino es el caso, aprovecha cada tarde y noche como si fuera la última. Hace calor, el cuerpo transpira, se usa poca ropa y es, de verdad, el fin del año. La arena, el mar, el olor a protector solar, la raya blanca de piel que se asoma en el bikini, las calugas, los potos, todo conspira para que lo más importante en febrero sea coger. O, si no le gustó el adjetivo, puede ser también templar, zingar, garchar y fifar. Usted elige.

Y, claro, es importante repetir que siempre hay que usar condón (algo que a los chilenos nos viene bien, considerando la gran cantidad de eyaculadores precoces) y que es preferible evitar el sexo oral a capella con desconocidos. Pero fuera de esas mínimas advertencias, me interesa exponer este punto de vista: el sexo casual es bueno para la vida. Y es rico. Y se pasa increíble. Y, después, cuando te emparejas y formas familia, y debes luchar ocasionalmente contra las sirenas y amarrarte al mástil para no sucumbir a las tentaciones, tus recuerdos ayudan. Porque sabes que no te saltaste ninguna etapa de la vida. Porque lo tirado y lo bailado no te lo quita nadie. Y entonces disminuyen tus probabilidades de enfrentar una crisis de los 40 o de los 50, y tu currículum de joven follador te ayuda a llevar una adultez más apacible.

Por eso, vaya este mensaje a los jóvenes solteros, (los que pololean supongo que tiran como conejos durante todo el año): olvídese de esa falacia judeo-cristiana de que el único sexo que vale es el sexo con amor, aproveche este febrero para entrenarse como amante, cuídese pero juegue, juegue mucho y anótelo, compártalo (discretamente con sus mejores amigos, nada de andar publicando la cosa en Facebook) y disfrútelo. A gozar, papi!

Por Rodrigo Guendelman

www.guendelman.cl

 

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