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lunes, 8 abril 2013

Rodrigo Guendelman: «TRX»

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Extraña la sigla que sirve para titular esta columna. ¿Será una nueva droga? No, pero produce adicción. ¿Una banda de rock? Tampoco, pero usa música y pucha que ayudan las buenas canciones. ¿Una aplicación de Android? Para nada. De hecho, cuando uno lo hace se olvida del celular por un buen rato. Los saco inmediatamente de la duda. TRX es una forma de resumir en pocas letras el concepto “Total Body Resistance Exercise” (“Ejercicio de resistencia para todo el cuerpo”), una forma absolutamente novedosa de hacer ejercicios que inventaron los marinos de Estados Unidos y que hoy es furor en Occidente.

Como estos hombres que trabajaban en muelles, barcos y submarinos necesitaban estar en forma pero no tenían ni el espacio ni las condiciones para contar con un gimnasio, empezaron a usar un cinturón de paracaídas cosido a mano con herramientas para la reparación de botes de goma. Entonces, combinando ese elemento con su propio peso corporal, inventaron el entrenamiento en suspensión. Es decir, una dinámica de ejercicios que usando sólo un arnés con dos amarres, permite combinar lo aeróbico y lo anaeróbico para mejorar toda la musculatura del cuerpo.

No estaría hablando de esto si sólo lo hubiese leído en una revista. Llevo ya cinco clases de TRX en uno de los gimnasios que entendieron que no pueden dejar de impartir esta modalidad y estoy sorprendido: en media hora, apenas treinta minutos, uno transpira harto, trabaja cada zona del cuerpo, se entretiene con la música que ponen los profesores y que ayuda a sincronizar los latidos con las rutinas, y la concentración que produce la clase impide pensar en cualquier otra cosa. Terminas muerto, te duchas, tomas mucha agua y entiendes que si haces estos dos o tres veces a la semana con regularidad, tu cuerpo y tu cabeza van a mejorar considerablemente.

Supe del TRX por primera vez hace unos meses, cuando entrevistaba a la guapísima actriz Isidora Urrejola. Ella me habló de esta disciplina deportiva con tal entusiasmo, que la idea se quedó en mi cabeza. Además, me insistió en que bastaba el equipamiento mínimo para poder hacer las rutinas en cualquier plaza o parque, pues el arnés se puede instalar en un árbol, en un poste o hasta en una puerta. Claro, eso para los expertos como ella. Yo prefiero mil veces ir a un lugar donde me enseñen, me motiven y hasta me pasen una toalla limpia cada vez que entro al camarín. De hecho, en total son cerca de trescientos ejercicios los que maneja un profesor capacitado y con diploma TRX, que dan una ventaja notable respecto de la rutina clásica en un gimnasio. Esto sucede porque “cada ejercicio del entrenamiento en suspensión desarrolla la fuerza funcional al mismo tiempo que mejora la flexibilidad, el equilibrio y la estabilidad de la parte central del cuerpo, es decir el tronco”, explica el sitio web corporativo de este deporte-marca.

Si todavía no logro evangelizarlo con mis argumentos, déjeme decirle que el TRX es hoy el entrenamiento favorito de las unidades de élite de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, así como una tendencia cada vez más potente en la Liga Nacional de Fútbol Americano, la NBA, la Liga Nacional de Hockey y las grandes ligas de Béisbol. Y hay otro dato interesante: lo puede practicar desde un niño de 8 años a un anciano de 88 años. “El TRX es adaptable a todos los niveles y se puede usar en niños, adultos y personas de tercera edad, ya que la resistencia puede variarse regulando la posición corporal y en los adultos mayores permite que se muevan sin miedo y mayor libertad. No está restringido a que tengas un buen estado físico o experiencia deportiva”, dice Hermann Flores, director de la empresa que trajo esta modalidad hace poco más de un año a Chile.

Cuando uno se entera que famosas como Gisele Bundchen, Gwen Stefani y  Jennifer Lopez son fanáticas del TRX; o que deportistas como Marcelo Ríos, el futbolista David Pizarro o el equipo completo del Liverpool cambiaron otro tipo de ejercicios por esta sigla de tres letras, bueno, como decíamos en los ’80, “por Aiwa será”. Humildemente, y con apenas un mes de clases en el cuerpo, puedo decir que estoy en plena etapa de enamoramiento con este “sistema” que apenas me exige tres medias horas a la semana, me da mucho, no se enoja nunca y me tiene con la autoestima cada vez más alta.

Por Rodrigo Guendelman

www.guendelman.cl

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