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martes, 13 febrero 2018

El síndrome de la mujer perfecta

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Es común hoy en día escuchar el famoso lema “no tengo tiempo para mí”. Suena el despertador y la mujer empieza a cumplir todas las expectativas que le demanda el día: Atender a los hijos, recoger la casa, ir al trabajo, cumplir con su rol de esposa y finalmente llevar un estereotipo de belleza demasiado elevado. Muchas mujeres viven bajo la sombra de la perfección. En un régimen del “deber ser”.

La perfección es una ilusión, en nosotros mismos y en los demás. Un modelo utópico que resulta inalcanzable en la realidad que lleva a la persona a siempre querer ser una profesionista exitosa, madre ejemplar, buena amiga, hija, hermana y esposa complaciente y amorosa.

Resulta patológico vivir bajo la convicción de que cualquier cosa que esté por debajo de un ideal de perfección es inaceptable. Poner nuestros propios límites y alcances ayuda a identificar lo que sí podemos hacer y lo que no. Para todas las lectoras de Mujer y Punto se les ayuda a concientizar para dejar de hacer lo imposible y dirigirse hacia lo posible y lo real.

– Aprender a contactar: El vivir a mil por hora te lleva a evadir lo que realmente estás sintiendo. ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste llorar? Lograr darse cuenta que es de humanos tener miedos, sentirse tristes, poder expresar enojos te ayudará a vivir con libertad y avanzar en la vida.

– Soltar el control: Cuando dejamos de controlar a los hijos o al esposo, podemos permitirles llevar una propia vida y confiar en ellos para hacerlo. El controlar te lleva a perderte a ti misma. Resulta muy cansado vivir en estereotipos al querer lograr que a tu hijo le guste el futbol, o a tu niña el ballet y finalmente que tu esposo te mande mensajes o te llame a cada momento.

-Se tú misma: ¿Qué sucede cuando no vives tu propia vida? Pasan los años y te das cuenta que siempre viviste a la expectativa de los otros. Nunca realmente te diste la oportunidad de ser tú. Desde meterte a estudiar un curso que te ilusionaba, hacer la fiesta de cumpleaños que tu querías no la que todos disfrutarían, desde comprarte la ropa que tu querías más no la que todos aprobarían.

– Dejar de idealizar la relación: Es curioso como muchas parejas siempre buscan evadir situaciones de conflicto por miedo a tener uno. ¿Es sano pelear? Se cree que el discutir lleva a la agresión y se convierte en un síntoma que hay algo malo en la relación.

Sin embargo de vez en cuando se necesita una discusión para expresar necesidades no resueltas tales como frustraciones, quejas, enojos y tristezas. No se lograría un cambio de uno mismo y del otro si nunca se descubre “ese algo”.

– La sexualidad como obligación: ¿Si no le cumplo a mi pareja me va a ser infiel? ¿Tengo que tener relaciones 4 o 5 veces por semana? ¿Qué sucede si hoy no tengo ganas? La realidad es que muchas mujeres viven preocupadas por complacer, se sienten presionadas por siempre tener un orgasmo y se olvidan mucho de disfrutar. La clave es poder soltar los miedos, dejar de siempre satisfacer y volcarse más en lo que uno también quiere.

– Mamá Canguro: Buscas siempre ser buena madre, gran ejemplo de disciplina y fuente de amor. Harías todo por evitar rasguños, lágrimas y frustraciones en tus hijos. Lograr que estén contentos, que se sientan felices en su hogar, que destaquen en el colegio y que continuamente actúen bajo tus principios y valores.

La realidad es que los hijos se equivocan y no son perfectos. Aprenden de sus propios errores y desean esforzarse al no tener un camino resuelto. Anhelan vivir su propia vida y no bajo las expectativas de sus propios padres.

– Aprender a poner límites: No decir no, no decir lo que queremos decir, no estar en contacto con lo que necesitamos o queremos, no estar viviendo nuestra propia vida sino la de los demás, crea ingobernabilidad.

La mujer de hoy en día cree que es un deber decir siempre a todo “sí”. Que está en sus manos poder ocuparse de todo en el hogar, cumplir más allá con el trabajo, ayudar a resolver la tarea a los hijos y siempre servir al esposo. Después de un tiempo se convierte en tu obligación resolver lo de los demás y te das cuenta demasiado tarde que quien necesita mucha ayuda eres tú.

– Trabajar la culpa: Es importante saber que es sano poder expresar miedo, enojo, tristeza y poder habar de lo que uno siente con la pareja y los hijos. En la realidad puede haber momentos que tu pareja llega a decepcionarte o que estés frustrada con el comportamiento de un hijo. ¡Se vale poder sentirlo! El tener otros sentimientos más allá del amor, comprensión y empatía no te convierten en alguien señalada.

– Fuera las comparaciones: Nadie te enseña a ser madre, ni a ser esposa. Esto es un trabajo de prueba y error, por lo que es normal tener miedos y dudas. A veces uno puede recurrir a personas cercanas por consejo o buscar un modelo de imitación. Te frustras de darte cuenta que no tienes la misma paciencia, o no puedes pasar mucho tiempo con la familia o simplemente quieres hacer las cosas diferentes.

El concepto de “buena esposa” o “buena madre” es único por lo que lejos de tener un lineamiento es importante aprender a disfrutar más.

Por: Helena Lebrija

Helena es colaboradora de Mujer y Punto, psicóloga clínica dedicada al área emocional de las personas. Apasionada de temas como la pareja, relaciones codependientes, patrones destructivos y autoestima. Promueve el cambio en uno mismo como consecuencia para estar bien con los demás. Convencida que uno logra encontrar sentido a su vida cuando le permite ofrecer sentido a la vida de los demás.

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Consultorio: Bosque de Duraznos #75 (604B) Colonia Bosque de las Lomas

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