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jueves, 24 septiembre 2015

Su matrimonio terminaba, pero ella tuvo una última petición

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Si bien lo que les compartiré a continuación es un testimonio relacionado al matrimonio, hoy quiero invitarlas a que le demos un sentido más allá y reflexionemos acerca de la importancia de valorar a las personas mientras las tenemos cerca, de lo importante que es decirles cuánto las queremos y cuánto han aportado en nuestras vidas. A veces la rutina y todo lo que ésta conlleva no nos permite ver con claridad nuestra realidad y ser agradecidos de ella, no nos permite mirar más allá del día a día y darnos cuenta que al final, lo único importante es quienes están junto a nosotros siempre, quienes hacen de detalles una vida entera. Navegando en internet me encontré con este testimonio en el sitio inpearls.ru y me emocionó porque creo que todas podemos tener algo de su historia, desde la arista que se le mire, no necesariamente vinculándolo al matrimonio.

Testimonio

”Llegué a casa a la hora de la cena. Ese día la preparó mi mujer. Yo quería hablar con ella, lo que tenía que decirle era algo muy complejo, tomé aire y le dije ‘Necesito decirte algo’… Ella no me dijo nada y se fue hacia el refrigerador a sacar las bebidas. Una vez más vi el dolor en sus ojos.

Tenía que continuar hablándole de alguna manera y sin más le dije que debíamos divorciarnos. Ella sólo me preguntó: ‘¿Por qué?’ No pude responderle, y evadí la pregunta. Entonces ella se enojó mucho, se puso histérica y empezó a tirarme todo lo que tenía a mano. ‘No eres un hombre …’ – me gritaba.

No había nada más de qué hablar. Me fui a la cama, no pude conciliar el sueño con rapidez y escuché que ella lloraba. Me era muy difícil explicarle qué había pasado con nuestro matrimonio, yo no sabía que responderle. ¿Cómo decirle que no la amaba hace tiempo, que lo único que sentía por ella era lástima y que hace tiempo le había dado mi corazón a Carolina?.

Al día siguiente preparé todos los documentos para el divorcio y la separación de bienes. Le dejé la casa, el automóvil y el 30% de las acciones de mi negocio. Ella miró los papeles, en su cara se esbozó una leve sonrisa y me dijo que no quería nada de mí, luego empezó a llorar otra vez. También me sentí mal al pensar en los 10 años que estuvimos juntos, pero su reacción sólo reforzó mi deseo de separarme.

Ese día regresé tarde a casa, no comí nada y fui directo a la cama. Ella estaba sentada a la mesa y escribía algo. Me desperté a la mitad de la noche y ella aún estaba escribiendo. Me dio igual lo que hacía porque ya no sentía ningun tipo de cercanía hacia ella.

En la mañana me dijo que ella tenía un par de condiciones para darme el divorcio. Insistió en guardar una buena relación en medida de lo posible, su argumento fue muy convincente: dentro de un mes nuestro hijo tendría los exámenes en la escuela y ella creía que una noticia así lo destruiría. Me fue difícil refutarle, asi que no lo hice. La segunda condición me pareció bastante tonta: ella quería que durante todo un mes yo la llevara desde el dormitorio hasta el cobertizo en mis brazos como recordatorio de cómo la había llevado a casa luego de nuestra boda.

No protesté, me daba igual. Al llegar al trabajo le conté acerca de las peticiones a Carolina, y ella respondió que todo era un intento miserable de mi esposa para manipularme y hacerme cambiar de opinión.

El primer día cuando llevé a mi esposa en brazos hacia el cobertizo me sentí incómodo, para mi ella era alguien ajeno. Nuestro hijo nos vio y pegó un brinco diciendo ‘¡Mi papá lleva en brazos a mi mamá!’ mi esposa me susurró ‘no le digas nada…’. Puse a mi esposa en el suelo al llegar a la puerta de la entrada, de allí ella se fue caminando a la estación de autobús.

El segundo día todo salió un poco más natural. Me sorprendí en cierta medida al ver que ella tenía un par de canas y algunas arrugas insipientes. Ella le puso su alma a nuestro matrimonio ¿cómo podría yo agradecérselo?.

Al poco tiempo surgió entre nosotros una pequeña chispa, que creció cada día. Me sorprendí mucho más al notar que mi esposa se hacía más liviana cada día. No le dije nada a Carolina.

El último día, cuando me preparaba a alzarla en mis brazos la encontré cerca al armario, se quejaba diciendo que había adelgazado mucho últimamente. Y era cierto, ella estaba mucho más delgada que antes. ¿habría sido por lo de nuestra relación?. Nuestro hijo entró en la habitación y feliz preguntó cuándo iba a llevar a la mamá en brazos hasta la puerta, pues para él ya era una tradición. Yo la levanté y me sentí exactamente igual al día de nuestra boda. Era increíble: ella me abrazó suavemente por el cuello. Lo único que me preocupaba era su peso.

Cuando puse a mi esposa en el suelo, agarré rápidamente las llaves del auto y llegué volando al trabajo. Al ver a Carolina le dije que ya no quería divorciarme y que el amor con mi esposa se había enfriado sólo porque habíamos dejado de prestarnos la debida atención. Carolina me dio una bofetada y se fue corriendo.

Yo estaba feliz porque pronto vería a mi esposa. Salí temprano de la oficina y me detuve en una tienda de flores, le compré el buquet más bonito que encontré; cuando el vendedor me preguntó qué poner en la tarjeta le respondí “Para mi sería un honor llevarte cargada hasta el final”.

Luego de hacer suertes en el tráfico, con el corazón latiendo rápidamente y una gran sonrisa llegué a casa, subí las escaleras y entré al dormitorio, mi esposa estaba en la cama. Estaba muerta.

Al poco tiempo me enteré que ella había luchado con valentía contra un cáncer durante los últimos meses y no me dijo nada, y yo ni cuenta me di por estar muy ocupado con Carolina. Mi esposa era una mujer increíblemente sabia: para que yo no pareciera un monstruo ante mi hijo por el divorcio ella pensó en aquellas condiciones que inicialmente me parecieron tan tontas.

Espero que mi historia le ayude a alguien a luchar por su familia. Muchas personas se han rendido sin saber que están sólo a un paso de la victoria”.

¿Qué les parece?

Por: Fernanda Urzúa M.

Foto de: We Heart It

 

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