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viernes, 4 enero 2013

Todas queríamos ser reinas

corona

¡Quiero usar una corona! Toda la vida he soñado con tener alguna ocasión para ponerme una corona… Claro, no una corona de reina Isabel, con una tiara me conformo.

Creí que era un sueño común entre las mujeres, pero parece que no. El otro día lo comenté con unas amigas y ellas se rieron hasta el cansancio de mí. (Acepto que es divertida la imagen mental mía caminando con una corona)

Todas, cuando pequeñas vivimos en ese castillo de fantasías, con vestidos largos con hartos vuelos y brillos, esperando al príncipe azul en su caballo blanco sentadas en un trono en un salón grande dentro de una maravilloso castillo. ¿Un bello cuento no creen?

Pero cuento al fin y al cabo… Cuando crecimos, nos dimos cuenta de que no éramos princesas, a golpe de porrazos entendimos que el príncipe azul no existía y que nadie iba a llegar a golpear nuestra puerta con una zapatito de cristal.

Bueno, pongamos los pies en la tierra: No uso corona, no vivo en un castillo y a mi puerta no llegó un príncipe azul para darme un beso apasionado y que aparezca en letra cursiva y dorada “fueron felices para siempre”.

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No llevo corona, pero orgullosa y día a día luzco una argolla de matrimonio y un par de joyas que me regaló mi príncipe azul… El príncipe azul no llegó a caballo a golpear a mi puerta, pero apareció en mi vida luciendo un traje de baño y pata pelá… y el castillo… ¿Para qué necesito un castillo? … un caserón de miles de metros cuadrados, con cuartos suntuosos y unos cuantos escondidos… ¡Qué poco útil! ¡Imaginen la cantidad de nanas que necesitaría! Y cada una de ella con sus problemas y atados, con sus días libres y vacaciones… me quedo con mi casa, de tamaño justo, sin cuartos escondidos para acumular desorden.

¡Y los vestidos! ¡Dios! Imaginen lo poco cómodo que puede llegar a ser un vestido largo lleno de brillos, vuelos y telas… el falso abajo para que se vea inflado y maravilloso… El corsé ultra apretado que marque la cintura (bien poco útil a la hora de los mega banquetes de palacio)

¡Y el pequeño mundo de la princesa! Arreglarse y sentarse en un sillón a bordar… Creo que prefiero el mundo actual… Un mundo con más obligaciones, pero también con más espacios. Un mundo en donde no todos nos tratan como reinas, pero en el que podemos opinar y hablar. Un mundo con menos gente invitada a nuestros bailes de palacio, pero recibiendo a quienes realmente queremos. Un mundo en el que llegada la noche, me acuesto con mi príncipe azul en la misma cama a hacer un resumen del día y descansar…

A fin de cuentas, mejor dejo la corona para una fiesta de disfraces…

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