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martes, 15 enero 2019

Relato de mi parto: «Fue tan crudo lo que vi y lo que pasó, que me marcó el resto de mi vida»

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Con 21 años, llego al Hospital con contracciones seguidas, sentía mi útero contraerse por completo y un dolor lumbar constante, que me hizo pensar: «llegó el momento.»

Imposible estar tranquila porque el dolor avanzaba sin darme tregua de respiro alguno. Me acompañaba mi marido, 22 años, él jugaba sniker mientras yo rogaba por no morir. Mi matrona del consultorio me orientó, a grandes rasgos, de lo que pasaría pero jamás imaginé como sería realmente. Yo pensaba que estaría sola con un apoyo médico completo, pero lo que sucedió fue lo peor que le puede pasar a una mujer en ese momento. 

Dilatación 8, me pasan a la sala de preparto en silla de ruedas con una bata, y de lejos escuchaba gritos agudos de sufrimiento y desesperación. Alguien me dice: «llegamos» y los gritos provenían de más de 10 mujeres a punto de parir.

Fue tan crudo lo que vi y lo que pasó, que me marcó el resto de mi vida como algo que jamás quise volver a vivir. 5 Matronas supervisando y haciendo callar a las mamás, burlándose de la situación, entraba y salía gente que decía «vengo a ver el show», «¿no te gustó pasarlo bien?, ahora vas a saber lo que es chancaca”.

Se me acercó una matrona que me dijo,»no grites, no exageres, no es pa tanto, además no hay anestesista, así que tendrás que parir como los animales»… Nadie me dijo que esto pasaría así… En las revistas no se veía así!

Llego a otra sala dividida por cortinas verdes, seguía escuchando gritos y malas frases de profesionales que iban a cumplir con su trabajo nada más, sin importar nada, ni nadie! De repente escucho un médico que dice «casi se nos va, perdió mucha sangre, menos mal lo arreglé, sino me lo descuentan!» (risas de todas las matronas).

Dilatación 9, viene otro médico, y me dice «ya haz memoria, abre las piernas, voy a meter la mano y sentirás un pinchazo, me dices que sientes tu». Yo jamás dejé de llorar, y por supuesto intenté hacerlo en silencio, me rompieron las membranas y me desmayé. No sé que pasó en ese momento, solo recuerdo que me llevaron a otra sala, y desperté con mis piernas en alto y una luz blanca. Llegó mi marido y llorando me dice todo va a salir bien, me gritan «puja!» Y se me lanza un hombre arriba de mi abdomen, me aprieta, y sale la cabecita de mi hija, escuchaba mucha gente, segundo pujo, tercer pujo sale mi hija morada, gordita… Me emociona recordarlo, me la colocan en mi pecho y la siento tan grande y calentita, que solo lloré al escucharla llorar, todo lo que pasé se fue, se esfumó… Cuando la vi, la escuché, me embargó un amor indescriptible.

Se la llevaron y yo me quedé ahí, el médico me dice «te voy a dejar como cabra de 15, si se te infectan los puntos debes venir a urgencia de nuevo» y agregó «es cabezona tu guagua, vamos a tener que usar más puntos».  Yo jamás dejé de llorar, comienzo a tiritar, sentía mucho frío y estaba desesperada por estar con mi niña, le preguntaba a todo el mundo donde estaba, y una matrona me responde «ya relájate, si nadie te la va a robar, hay muchas guaguas pa’elegir».

Pasé a otra sala, y llega mi niña, la mujer que la traía me dijo «ahora pegatela a la pechuga, si no se agarra, tendrás problemas». Mi bebé se acopló perfectamente, y yo la miraba con una admiración tremenda, pensaba «eres tan bonita hija». Nos trasladaron a una habitación gigante, eramos 9 mamás, y había mucha gente… Yo solo quería estar con mi hija, solitas las dos. Llega una matrona y me dice «cuando te veo de nuevo, aquí todas regresan, les gusta la fiesta» y yo… me callé. Jamás dije nada! Porque me enseñaron a no faltar el respeto… Pero a nadie le importé, nadie se preocupó si me respeto existía o no.

Por supuesto dije, no quiero ser mamá otra vez. 

Pasaron 3 años, viví algo similar, pero en otro hospital un poco mas amable, yo ya sabía a lo que iba. Pasaron 2 años, y se repite la historia. Ya no me importó lo que me decían, solo me preocupaba de que mi hijo estuviera conmigo y que todo saliera bien y rápido!

Cuarto hijo y dije…. «Voy a vivir la ultima experiencia de mi vida sin violencia, y lo mas respeto del mundo». Pagué la clínica mas cara, en 36 cuotas, si aun lo estoy pagando… Mi parto fue respetado, me sentí como una reina, me hacían cariño en la espalda, los médicos pendientes de mi y de mi hijo, yo saqué a mi hijo de mi… Si tienen la oportunidad de hacerlo háganlo, es una experiencia inolvidable! Aquí me di cuenta de que una mujer tiene derecho a ser respetada, y debe exigirlo! Y si no pasa desde el minuto uno, poder decir quiero hacerlo de otra forma, sin que nadie la juzgue. El apoyo es fundamental, pero la decisión de una debe prevalecer ante cualquier otra.

Si existe la violencia obstétrica, y de nosotras depende pararla. 

Traer un hijo al mundo es lo mas hermoso que le puede pasar a una mujer, búsquen, estudien, evalúen los lugares y quédense donde su corazón les dice, y así todo saldrá bien.

Gracias por leer mi experiencia, sígueme en Instagram @tammmyal100, un abrazo enorme para ti!

Tammmy.

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